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"Laciana, el Contador de Historias de Osos"


Se divisan los primeros montes del Cantábrico, difícil será a partir de ahora difuminar el color verde de sus prados y sobre todo el de sus bosques. Penetramos en la comarca leonesa del Bierzo buscando uno de los entornos naturales reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad, Las Médulas. Esta serranía te sorprende por su intensa paleta bicolor, por un lado las rojizas paredes de arcilla y por otro el verdor de sus bosques de castaños. Este paisaje, modelado por las ingeniosas manos de los romanos durante dos siglos, fue una monumental mina de oro de la que se extrajo dicho mineral mediante técnicas de hierro, agua y fuego. Esta sorprendente imagen paisajística será el prolegómeno de nuestro objetivo durante este viaje, el Valle de Laciana.
El Oso Pardo Ibérico


Esta singular comarca se encuentra en el noroeste de la provincia de León. Está considerada como Reserva de la Biosfera, siendo limítrofe con lugares míticos cántabros como los Ancares, el Bierzo o Somiedo. Su espacio geológico se podría resumir en grandes montes cercanos a los dosmil metros de altitud con inmensos valles surcados por el Sil y sus pequeños afluentes. Precisamente este es uno de los dos agentes que orada sus sierras, ya que el otro es el ser humano que ha realizado la misma función mediante la extracción del carbón en su infinidad de minas, de ahí la similitud con las susodichas Médulas, unas en época contemporánea y las otras durante el imperio romano.
El Valle de Laciana está compuesto por trece pueblos pequeños, si exceptuamos  Villablino que es su capital. Sus comarcas vecinas son Babia y el Alto Sil, compartiendo con ellas tanto los paisajes como su arquitectura, que hacen del lugar un espacio único y muy peculiar. La base de la economía de este precioso valle hasta hace muy poco tiempo fue el de la minería del carbón, hasta que se consideró que esta industria no era sostenible y fue cediendo hasta encontrarse en el estado actual, pasando de una población activa dedicada a ella de quince mil personas, a no más de mil en la actualidad. Esto ha cambiado la mentalidad de los habitantes de la zona y de sus políticos, ahora la reconversión de esta comarca se tiene que centralizar en el ansiado turismo, que empieza a dar sus primeros pasos, focalizando sus puntos de interés en sus espacios naturales, con su exuberante flora y sobre todo su abundante y autóctona fauna.
Castaño centenario de las Médulas

Nosotros hemos elegido la población de Villaseca como “campo base” para conocer este enclave natural. El pueblo se encuentra labrado por el aún joven río Sil, y rodeado por fabulosos bosques con un halo de misterio por su frondosidad y aspecto salvaje.
Al anochecer nos encontramos en uno de sus múltiples bares, allí nos atiende un afanoso tabernero que con gran simpatía y amabilidad nos pone al día del lugar donde nos encontramos. Una vez adquirida la confianza se desahoga con algunas de sus experiencias vividas en su corta vida. Su familia fue de las primeras dedicadas al carbón. Su abuelo y su padre pasaron por las minas, y él mismo tuvo esta profesión desde bien joven.
En un momento de sinceridad y orgullo minero, con la voz entrecortada, nos cuenta alguna de sus ingratas experiencias. Uno de sus buenos amigos era vigilante de una de las minas, con un sueldo más que aceptable, pero con la ilusión puesta en ser minero al cumplir los 18 años de edad. Él lo intentaba convencer para que no cambiara de trabajo, pero sin embargo, al cumplir la edad entró a trabajar en el interior de la mina. Cuando no llevaba ni seis meses luchando con esta profesión, se encontraba desatascando una de las chimeneas bajantes de carbón, su inexperiencia le hizo introducir la cabeza para ver por qué no bajaba el mineral, en ese momento se le vino encima el monte y quedó aplastado. Él, junto con otros mineros entraron a rescatarlo, pero ya sin vida, sacaron el cuerpo de las entrañas de la Tierra.
Payozas cántabras

En otra ocasión uno de sus mejores amigos sufrió un grave accidente en el interior de la mina, cuando llegaron a rescatarlo ya había muerto. Al salir, el capataz le preguntó si era su amigo, él contesto que sí, cometiendo un grave error, ya que dicho capataz lo envió a él y a otro de los mineros a informarle del suceso a su esposa. Él era parte importante en la vida de ese desafortunado trabajador, había asistido a su boda y por supuesto al nacimiento de sus dos hijos. Al llegar a la casa y tocar en la puerta apareció uno de los pequeños, y al verlos llamó a su madre diciéndoles que en la puerta estaban amigos de papá pero vestidos de mineros. Ella nerviosa se apresuró a llegar a la puerta, miró a su querido amigo y le pregunto efusivamente qué pasaba. Él la miró y con un gesto con la cabeza de pena y dolor no abrió la boca, en ese momento la esposa desesperada se abalanzó sobre él y empezó a pegarle echándole la culpa de aquella tragedia. Sólo pudo seguir soportando los golpes y sosteniéndola hasta que se calmó. Él había perdido a n gran amigo y ella a su esposo.
El Rebeco

De esta forma entendimos, nosotros los forasteros, en el lugar en el que nos encontrábamos, gente ruda, hecha a base de sufrimiento, sin miedo a nada, pero con un grado de amabilidad que nos sorprendió durante toda la visita a estas fabulosas tierras.
La expresión de su cara empieza a cambiar cuando le preguntamos por esos bosques que rodean el pueblo. Son el orgullo de la comarca, de una densidad inimaginable se convierten en el ecosistema perfecto para la vida del gran oso pardo. Nos cuenta algunas anécdotas, y entre ellas nos advierte con alegría y satisfacción que el día anterior un imponente oso surcó algunas de las calles de esta población. Esto me llena de gozo y de sorpresa, le pregunto por la zona y el horario en el que podría aparecer. La máxima actividad de estos mamíferos parece ser que es desde el atardecer hasta el amanecer. Esta información me dará pie a planificar una de mis deseadas aventuras hasta ahora inéditas.
El Urogallo

Ese orgullo manifiesto por poseer en las tierras donde le vieron nacer al poderoso rey del bosque, le hacen recapacitar sobre lo que él cree que no se está realizando adecuadamente con respecto a la protección de este fabuloso animal. No hace mucho tiempo, a uno de los nativos del lugar le entró un oso a uno de los cercados en la braña. Este se ensañó con los potros que por allí pastaban y mató a cuatro de ellos, se comió sus entrañas y los enterró. Cuando fue a dar parte a las autoridades para que le pagaran los daños causados por la bestia le comunicaron que sin los cadáveres no podían hacer nada. Al poco tiempo aparecieron dichos cadáveres, comidos no solo por el oso, sino también por lobos, zorros y algunas aves carroñeras. En ese momento volvió a dar parte, pero en esta ocasión argumentaron el no recibir la subvención porque esos potros no sólo habían sido comidos por el gran predador, sino también por aquellos otros animales. Esto hizo que algunos lugareños quisieran tomar represalias contra el oso, ya que las autoridades buscaban cualquier traba para no reponer los daños que este animal estaba haciendo en la comarca.
Colmenas protegidas contra osos

Con esta reflexión aprendimos varias cosas, con estos animales se está teniendo un gran éxito en su protección, que habrá que tener en cuenta el acercamiento de estos a las poblaciones humanas, que habrá que subvencionar a todos aquellos ganaderos o labriegos que sufran daños por parte del oso, que este animal no solamente es omnívoro, sino que tiene preferencia por la carroña, esperando a que se pudran los animales para comérselos, y por último que la interactividad del plantígrado en esta comarca puede y debe llevar al resurgimiento económico de la misma a través del creciente turismo ecológico.
Cercano a Villaseca se encuentra la aldea de Lumajo de Laciana, como casi todas estas poblaciones lo que más nos sorprende es su arquitectura, calles estrechas y empedradas, situadas en la falda de las montañas, empinadas, con las viviendas construidas en piedra, sus tejados de pizarra redondeada, las ventanas pequeñas para evitar la entrada del frío en invierno y el exceso de calor en el estío. Aunque en épocas anteriores los tejados o teitos eran de paja de centeno, teniendo que ser renovados cada tres o cuatro años. Sus iglesias o ermitas con una sobresaliente torre emparedada donde se sitúan las dos laboriosas campanas, la entrada por un lateral precedido de un porche de columnas de madera, y al entrar sobresalen los magníficos retablos de madera que encumbran los altares.
Pueblos oseros

 Dentro de las aldeas siempre encontramos el añejo potro, construcción de madera utilizada para trabajar con las bestias, sobre todo las vacas y bueyes, donde eran sujetados para ataviarlos o reponer algunos de sus complementos sin peligro para el ganadero. Además las fuentes con agua continua y permanente, adosadas a ellas el pilón, dedicado a saciar la sed de los animales. Cerca de ellas aparecen los lavaderos que se mantienen como antaño, con el correr de sus aguas por las pequeñas acequias interiores de  los mismos. En las afueras nos sorprenden algunos pequeños molinos para triturar el cereal, que antes y después era transportado a los hórreos donde era protegido de las artimañas de diferentes mustélidos y roedores. Incluso en algunas poblaciones todavía existen las lecherías antiquísimas, que transformaban la leche en manteca y mantequilla para ser vendidas en otros poblados, llevándolas en carros hasta la misma ciudad de León.
La gran cascada de Lumajo

En el camino hacia Lumajo visitamos uno de los lugares donde apareció no hace mucho una osa con sus dos oseznos. Varios vecinos del pueblo se acercaron a ver ese, cada vez más habitual, espectáculo de la naturaleza, de todas la edades y sin acercarse mucho, respetando cada cual sus espacios. Los plantígrados habían elegido como espacio de alimento y ocio la exuberante cascada de Lumajo, en la parte inferior de la misma salían y entraban los pequeños, mientras la madre, sin fiarse mucho, observaba la expectación en su alrededor. La certidumbre del momento hizo que varios adolescentes se fueran acercando paulatinamente, en ese instante la protectora osa se levantó sobre sus patas traseras con una gran piedra y la lanzó hacia la parte baja del río, volvió a repetirlo, mientras los zagales corrieron despavoridos hacia un lugar más seguro.
Los montes cántabros están repletos de anécdotas, historias y leyendas relacionadas con este noble animal. Sin embargo, sería injusto no hacer referencia a la variedad inmensa de fauna y vegetación que existe en este entorno natural. Uno de los espacios más originales de todos estos valles son las llamadas “brañas”, lugares ganados por el hombre al bosque salvaje para trasladar al ganado vacuno en verano con el fin de conseguir unos adecuados pastos.
La braña que decidimos visitar fue la de la población de Rabanal de Arriba, llamada de Cubajo. La ruta a pie no dura más de dos horas, subiendo desde el pueblecito en forma de ascensión continua por una pista forestal, teniendo siempre a nuestra vista a una de las cimas del Valle, el Cuetonidio, excelente punto de observación de toda la cordillera cantábrica desde Litariegos hasta Peña Ubiña. El paisaje sigue siendo el mismo, pequeñas poblaciones con poca presencia humana rodeadas de un bosque grandioso terminando o empezando en la vaguada del valle por donde discurre, en este caso, el río Cuvachín, afluente del todopoderoso Sil.
Hortelano de Lumajo

Las sombras hacen del recorrido un placer, que aunque con una fuerte inclinación, hacen que nuestra vista no deje de disfrutar de un paisaje espectacular. La arboleda tapiza todo el monte, un monte que parece extraplomado sobre el riachuelo, al acercarnos a la vegetación podemos identificar la extraordinaria diversidad floral, pasando por arbustos como el arándano, el avellano, el rosal silvestre, el majoleto y norteño acebo, hasta grandes árboles como el roble melojo, el serbal, el castaño o el autóctono abedul. Todos ellos conforman un bosque septentrional único, que favorece la manutención del frescor y la humedad en cualquier época del año, siendo en la estival cuando más lo agradece el caminante.
Un formidable mastín asalta el camino proporcionándonos un poco deseable susto. Va ataviado con un collar de pinchos, por lo que nos hace dudar si seguir o no nuestra particular ruta. Esta raza de perro es la más utilizada para la protección del ganado en las zonas campiles, ese collar lo resguarda de la mordedura de uno de los grandes mamíferos de la zona, el lobo. No obstante sabemos que no es la hora de estos “bichos”, son las doce del mediodía, y aunque por la senda hemos identificado varias huellas, entre ellas la del oso, la actividad de la mayoría de ellos se enmarca a partir del atardecer, durante las horas nocturnas y hasta las primeras horas de la mañana. Nos encontramos con una pareja de brañeros que nos confirman nuestros conocimientos, lo que hace que sigamos nuestro camino observando con los prismáticos el bosque cercano, con la esperanza de ver alguno de estos esquivos animales. Además de esta atractiva fauna, podemos advertir otras “bestias” autóctonas del norte peninsular, como son los ágiles rebecos de las zonas escarpadas, las escurridizas y oscuras víboras de seoane o los poderosos urogallos del interior del soto.
Pilón de Villar de Santiago, por donde pasea el oso

Al llegar a la braña percibimos grandes extensiones  ganadas al bosque y dedicadas a la ganadería, delimitadas por parapetos de piedra que terminan en grandes portones, construidos con dos o tres grandes troncos atravesados horizontalmente en el hueco de entrada del ganado. Allí nos encontramos con una veintena de caballistas que realizan la ruta de los valles del alto Sil, Laciana y Babia. Una fuente situada en una de las payozas de la braña nos refresca con sus puras aguas serreñas, dentro de la construcción varios ganaderos organizan sus enseres, por la tarde bajarán al pueblo para al día siguiente seguir con su rutina pecuaria, trasladando de un lugar a otro en busca de pasto fresco a su fiel ganado.
Este viaje a las antípodas ibéricas de nuestra tierra andaluza está llegando a su fin, todavía nos queda una oportunidad de observar en su medio natural al majestuoso plantígrado. Nos han advertido que en otra de las aldeas del Valle estos últimos días están llegando algunos osos al anochecer. 
La Braña de Cubajo

Con esa ilusión nos acercamos a Villar de Santiago, son las once de la noche, un paseo por sus calles en penumbra nos alertan de las grandes posibilidades naturales del entorno. Sentados sobre el borde del pilón, uno de sus pobladores nos cuenta una de esas historias del Valle que mitifica al oso.
Estaban unos pescadores en el embalse de Villaseca disfrutando de una mañana en busca de barbos y lampreas, en la orilla contraria, a gran distancia, otro pescador se encontraba luchando con sus artes, los primeros observaron con desesperación que por encima de este aparecía un gran oso cuyo olfato le había traído hasta el lugar. Ellos le avisaban con voces y silbidos, pero no llegaba a oírlos. De repente miró hacia su dorso, posiblemente por el ruido producido por los pasos del oso, y lo encontró a escasos metros de él.
P
 De forma instintiva dejó la caña y saltó al pantano, nadando sin parar hasta la orilla contraria, donde  fue socorrido por sus compañeros de afición. Paralelamente el oso se había acercado a la cesta del pescado y se había dado un festín. No parece que su intención fuera el pescador sino sus aún frescas viandas.  
Una vez deleitados por esta nueva historia, el vecino de Villar nos acompaña al barrio donde fueron observados el día anterior, dentro del vehículo nos quedamos como si de un hide se tratara. Pasan los minutos, pasan las horas, en un momento dado un fuerte sonido en la espesura del exterior del pueblo nos alerta…

Deberemos volver en otra ocasión.
Tejo

Puente medieval
Minería del carbón leonesa
El río Sil
Víbora de Seoane
Potro de herrar 
Lavadero del Sarcófago
Fuente, pilón y torre de la iglesia
Picos de Europa

"Cimaqueando en Piedra Ballesteros de Sierra Mágina"


La Sierra de Mágina se encuentra al sur de la provincia de Jaén, parte de ella está considerada como parque natural, siendo una pequeña serranía rodeada por pequeños pueblos ancestrales. Nosotros en esta ruta nos vamos a desplazar a la orla del parque, concretamente al sur, a la población de Arbuniel. Esta población pertenece al término municipal de Cambil, se caracteriza por su abundancia en aguas, poseyendo en sus alrededores uno de los arroyos más emblemáticos del parque, el arroyo Salado, cuya principal virtud son sus aguas medicinales termales con gran cantidad de sales minerales que sorprenden por su salinidad, no teniendo nada que envidiar a las famosas aguas salinas del Himalaya. Además, en este pueblecito nace el río que lleva su nombre, y que desde la falda de las montañas que lo rodean nace a borbotones creando un laguneto muy característico.
Observando el horizonte

La ruta comienza en el Valle del Frontil, en la aldea de los Vílchez, a unos cinco kilómetros en dirección a la autovía de Granada Jaén. En esta ocasión nos hemos reunido un grupo de amigos de diversas edades y formas de vivir. Al llegar a la aldea alguno me pregunta que qué es eso de cimaquear, entiendo la pregunta, ya que no lleva tampoco mucho tiempo este vocablo en mi discurrir lingüístico.
Cimaquear es realizar vivac en la cima de cualquier montaña, utilizando solamente el saco y la esterilla para dormir. Y vosotros diréis que qué sentido tiene eso, pues bien, es la única manera de disfrutar de la naturaleza silvestre realizando simultáneamente, durante la misma travesía, de tres de las grandes maravillas de nuestro planeta, observar la puesta de Sol, pernoctar bajo las estrellas y deleitarnos del amanecer.
Algunos llevábamos demasiados años sin vernos, otros nos conocemos de hace muy poco tiempo, otros nos conocemos de más, alguno todavía es inocente…, pero lo que sí es cierto es que todos abrazamos el amor hacia la madre naturaleza. Entre el calenturiento olivar iniciamos el camino, no es un recorrido largo, pero el estío andaluz nos hace sudar la gota gorda. No tardaremos más de dos horas, pero recorreremos todo el Valle en sentido ascendente hasta llegar a nuestro objetivo final, la cima de Piedra Ballesteros.
El grupo


Con paso cansino y con algún peso de más, vamos haciendo el camino, cada uno busca su momento para contar sus experiencias, algunos suben en solitario y vuelven al redil, otros nos contamos qué ha sido de nuestra vida, aventuras, anécdotas, nuevos descendientes… Algunos animalillos se empiezan a notar, ya es hora de volver a la actividad, buscan refrescarse en los frescos manantiales, y las avecillas nos alegran la subida pululando de arbusto en arbusto extrañándose de sentir la presencia humana por estos lares y a estas horas. Las chicharas dejas de sonar, eso significa que ya el calor está menguando. En una de las penetrantes curvas del camino los adelantados nos avisan que debemos volver la mirada sobre nuestros pasos, efectivamente, al oeste el Sol empieza a esconder sus rayos entre las montañas de la Sierra Sur de Jaén, la mole de la Pandera hace de pantalla solar produciendo una de las imágenes por la que estamos aquí, el colorido de la ocultación de la estrella empieza a justificar la razón de esta formidable compañía.
Puesta de Sol


Una vez deleitados por las maravillosas imágenes seguimos la caminata, algún que otro sonido nos hace dirigir la vista hacia el barranco, hacia el follaje, sólo son lagartijas que buscan sus escondrijos para pasar la noche a resguardo de los predadores. A lo lejos, cerca de las aldeas, se escuchan los cantos del autillo, acompañado por los sonidos de los anuros y el insistente ruiseñor. Ya estamos muy cerca, el cielo anaranjado proyecta una imagen opaca de los curtidos cuerpos mochileros, un poco de agua para culminar la subida que en estos momentos se convierte en un pesar para nuestras piernas.
Por fin la cima, dejamos nuestras mochilas y subimos a la cúspide, una gran cruz la jalona, y alrededor de ella nos vamos colocando los doce componentes de la ascensión. Es un espectacular observatorio, la noche se nos ha echado encima y los pueblos iluminados de Sierra Mágina demuestran el por qué de la catalogación como parque natural. En una visual panorámica de 360º observamos el relucir de las poblaciones de Arbuniel, Cambil, Pegalajar, La Guardia, Carchel, Carchelejo, Campillo de Arenas y Noalejo… Impresionante.
La cima

“Lo más esperado ante cualquier actividad a realizar, ya sea ociosa, deportiva o de cualquier otra índole, siempre es la comida, yendo muy bien acompañada de los seres queridos y sobre todo una exquisita bebida”. Pues así es, apoyado cada uno en nuestra singular piedra, los complementos culinarios empiezan a salir de las mochilas, esos bocadillos que preparamos con tanto gusto ya nos derriten el paladar. Tortillas, cervezas, jamón, gazpacho… y Ruavieja. Increíble, siempre hay alguien que nos sorprende con unos hielecillos para hacer del acto algo inolvidable.
Es el momento culmen de la ruta, cada cual debe buscar el lugar para pernoctar, es una cima muy llana, que nos ofrece gran cantidad de espacio para tal hecho. El herbazal está seco, pero tenemos que aplanarlo para colocar nuestras particulares viviendas, los insectos no deben estar cerca de nuestras fauces en las horas de sueño. Todos encumbrados decidimos la próxima tarea, la desentumecedora rutilla nocturna a la sierra de las Cuevezuelas.
El condumio

Algunos deciden quedarse ya en estado sedente para empezar a disfrutar del mejestuoso cielo. Los demás nos vamos, como auténticas luciérnagas subimos por el pinar, ye hemos sobrepasado el día buscando una nueva jornada aún más ilusionante. A veces la Luna, en cuarto creciente, nos ilumina sin necesidad de encender nuestras artificiales luces, un paso sobre otro vamos llegando al punto geodésico del Valle, allí recibimos una magistral lección de astronomía, para seguidamente mantener nuestra mentes y nuestras luces en silencio.  Volvemos al vivac, a nuestra llegada todo es mutismo. Los fotógrafos empezamos a preparar la nueva sesión, una de las más atractivas, la desorbitante cúpula estelar.
El cimac

Pasan de las tres de la madrugada, decidimos entrar en nuestras particulares crisálidas y llega el siguiente momento, ensimismarnos con la vista puesta en las constelaciones que abarcan hasta el infinito nuestro techo celestial. Casiopea, Osa Mayor, Osa Menor con su Estrella Polar, Escorpión… Satélites móviles, Marte… Por fin los ojos se cierran, nos ha costado dejar de observar esta gran obra de arte, pero es necesario y debemos descansar.
La claridad del día nos hace asomar la cabeza, el frescor matutino nos sorprende con el tercer acto del cimaqueo, el amanecer de nuestra estrella directora. A las siete y poco más emerge por la Serranía de Cazorla el sublime Sol, la centelleante luz, cada vez más potente, desentumece a la mayoría de los aventureros. De forma imprevista una bandada de aviones comunes bajan de su planeante sueño nocturno y nos sobrevuelan varias veces, ellas dudan de lo que ven, nosotros también. Ya no nos queda otra, recoger y bajar para desayunar en el cortijo. 
Aprendiendo de las estrellas

Durante la bajada volvemos a comentar lo vivido, todo estupendo y con una compañía inolvidable. Todavía la naturaleza nos deja alguna que otra sorpresa, los aguijones de plantas como las aulagas que nos inyectan su vacuna, una veloz ardilla observándonos a lo lejos y la agilidad del diablo de la espesura boscosa, el azor, que en un abrir y cerrar de ojos esquiva nuestra presencia y la de varias decenas de árboles que se intentan interponer en su genial caza.
Sentados en la Plazuela de Sumuntán devoramos el desayuno cortijero, unos huevos fritos con ajos, unos chorizos  y la bebida refrescante de nuestros actuales dioses.

Un placer hacer de este planeta un mundo mejor.
Constelaciones

Noctámbulos

Cimaqueando

El amanecer inesperado

Amaneciendo en Sierra Mágina

Una Romería en la Contraviesa


Con la llegada del mes de las flores, son varios los municipios y cortijadas de la Alpujarra granadina y almeriense que celebran el 13 de mayo sus fiestas patronales en honor a la Virgen de Fátima.
En el municipio de Albuñol es patrona del cortijo Los Palomos, La Haza Mora, Los Moras y El Cortijo de La Cuesta, siendo en estos tres últimos donde aún celebran su festividad.

El Cortijo de La Cuesta se sitúa a 5 km. de Albuñol, en la carretera del Haza del Lino. Por mitad del cortijo discurre la colada de la Cuesta del Maurel, (procedente de Albuñol), enlazando con la Colada de Alfornón ya en el término municipal de Sorvilán. Reseñar la importancia de esta vía pecuaria, antaño utilizada por los pastores de la zona para conducir sus rebaños a los frescos pastos de la sierra a principios de  verano y volver por la misma a principios de Noviembre, cuando se adentraban los fríos días de invierno en las alturas alpujarreñas.


La Romería en los años 50


Lo que hoy conocemos como el “Cortijo la Cuesta”, también llamado “Cortijo del Maurel”, esas pocas casas, muy pocas de ellas habitadas o en condiciones de estarlo, fue antiguamente una de las mayores cortijadas del término municipal de Albuñol.
Allí vivían decenas de personas, entre el cortijo de abajo y el de arriba, entregadas por completo a las duras faenas del trabajo en el campo. Actualmente lo hacen tan sólo ocho personas de forma permanente, en verano aumentan unas cuantas más.
La cortijada dispone de una gran fuente con un pilar, de donde se abastecían los vecinos y bebían “las bestias” antes de que se instalara la red de agua potable. Esta misma fuente tenía su lavadero, hasta que una tromba de agua lo arrasó. También hay dos eras donde se trillaba y aventaba el grano. Las viviendas particulares, algunas aún siguen teniendo hoy en día corral, cuadra y bodega. Se sigue practicando en otoño la tradición de “la matanza” del cerdo y la vendimia.


La escuela en otros tiempos


La primera maestra que ejercicio la docencia en el cortijo, lo hacía en una habitación de una gran casa que le tenía cedida una vecina del cortijo llamada Bernarda.
Lo que ahora es la edificación de la ermita, antes era además de iglesia, escuela y vivienda del maestro. La construyeron los propios vecinos, nos cuenta Juan Escudero que también participó en la construcción de la misma, ayudando en lo que podían, con materiales o trabajo. La campana se fundió en Linares en la década de los 50. Allí se educaron muchos niños del cortijo y de toda la zona, que acudían a las clases desde todos los cortijos de los alrededores (Bellidos, Madroño, Torrecilla, Coloraos, etc.). Además, se oficiaban misas de forma regular. Recordar a D. Joaquín, por entonces párroco de Albuñol, que en esa iglesia bautizó y dio la Primera Comunión a muchos niños. 
Romería Virgen de Fátima 2016
Además, se hacía una verbena, a la que acudía muchísima gente, donde cualquier improvisado “cantaor”se animaba a echar un cante, se bailaba, se tocaba la guitarra, se bebía vino y se cortejaba, para lo que se venía de lejos en busca de novia.
También se hacía una procesión, llevando la imagen hasta el cortijo de abajo, donde se montaba un altarillo y se hacía un alto para rezar, bailar, beber, etc. Incluso en ocasiones se celebraba allí la misa, todo ello acompañados por el estruendo de los numerosos cohetes que se tiraban para la ocasión.

En cuanto a la imagen, la donó una mujer llamada Gracia, (hermana de Mercedes) que renacía del cortijo pero vivía fuera, la cual tiene casa en el cortijo pero sólo viene en verano. Esta mujer sufrió un accidente de tráfico y, tras una larga recuperación y en agradecimiento a la Virgen de Fátima, compró la Imagen para le ermita del cortijo. En la ermita hay, además de la imagen de la Virgen de Fátima, una pequeña urna de madera con otra imagen igual pero mucho más pequeña, que iba pasando de casa en casa durante todo el año, al cuidado de las vecinas. Igualmente y durante el mes de mayo esta Imagen peregrinaba por los cortijos cercanos, concluyendo siempre su peregrinar en el cortijo La Cuesta para su festividad el día 13. Durante unos años la fiesta dejó de celebrarse desconociéndose los motivos.

Nos dice textualmente Francisco, que sí nos puede contar con más conocimiento de causa la recuperación de la fiesta:
Todo empezó en el año 2004. Subí a casa de Juan Escudero, al que le había encargado un choto, pues como sabemos, fue pastor. Estábamos troceando el choto en la planta de arriba, cuando, al asomarme por la ventana, vi el campanario de la ermita, que estaba en muy malas condiciones, y surgió la idea de hacer una verbena para sacar un dinerillo y poder arreglar un poco la iglesia. Y así empezó todo. A Juan y Ana les entusiasmó la idea. Ya sabes el tipo de gente que son, tan sociables y alegres. Y recuperar aquello les hizo mucha ilusión. También se lo comentamos a Raimundo y Mari Carmen, su mujer, que se apuntaron encantados. Y esa fue la primera “comisión de fiestas”: Juan, Ana, Raimundo, Mari Carmen, Bibi y Juan Francisco; celebrándose la primera en mayo de 2005.
Una traca en su honor

Desde entonces se ha venido celebrando la fiesta, normalmente el tercer fin de semana de mayo, y aunque sin evolucionar mucho, sí que ha habido algunos cambios. Se empezó con una misa, procesión y la posterior reunión de amigos, invitando a jabalí y cerdo, e instalando una pequeña barra artesanal, y con música grabada y baile.
Según fueron pasando los años, se sumaron la rifa de un jamón y una arroba de vino, los cohetes, la música en directo, la venta de sombreros o pañuelos, de décimos de Navidad... Así hasta lo que conoces hoy día. Y todo ello, salvo raras y pequeñas excepciones, sin ayuda ninguna por parte externa, sólo con la participación y colaboración de los vecinos, familiares y amigos.
El problema de esta celebración es que si nadie lo remedia, está condenada a volver a desaparecer. Y ello porque el motor que permite su continuidad año a año es la pareja de Juan y Ana, y no van a ser jóvenes siempre. El envejecimiento de los habitantes y el abandono de las casas, hace complicado el relevo en la organización de la fiesta.
La ermita

A ver si entre todos conseguimos que no se pierda esta fiesta, porque supone una gran alegría y emoción a gente que siempre ha vivido o tenido relación con el Cortijo la Cuesta y ven en ella la ocasión de volver y encontrarse con sus familiares y amigos de siempre, procesionar a la Virgen y gritar con alegría y fervor ¡viva la Virgen de Fátima!.
El cortijo de la Cuesta

La era
La fuente y el pilar del cortijo

Autores: Juan Francisco López y Eduardo López
Fuente: Juan Escudero, Ana y Juan Francisco López


Trampa para Capturar Insectos

En épocas calurosas cuando merodean los insectos por cualquier zona silvestre, capturarlos puede ser un recurso primordial para mantenernos en un estado energético adecuado, ya que sus proteínas y algo de grasas nos repondrán hasta encontrar un alimento más contundente.
Esta trampa simple consiste en realizar en una zona soleada un agujero en la tierra con las paredes totalmente verticales y muy poco rugosas. A continuación colocamos cuatro piedras pequeñas que sujetan y levantan la piedra principal que es la que hace la sombra. Los insectos irán buscando dicha sombra y caerán en el hoyo, no pudiendo salir de él la mayoría de ellos por su verticalidad y finura de sus paredes.

La Primera Planta Alimenticia de un Superviviente Ibérico


El Diente de León es posiblemente la planta que todo superviviente debe aprender para iniciarse en la alimentación silvestre. Por ello la voy a situar la primera de muchas que aprenderemos.

Diente de León (Taraxacum officinalis):
Contiene vitaminas (A, C y niacina), proteínas, grasa y sales minerales, se puede tomar crudo o hervido, procurando coger los brotes tiernos para evitar su amargor, si aparece, para evitarlo se dejan en remojo durante dos horas. Con la raíz se prepara un polvo parecido al café que es tónico y estimulante a la digestión. Las hojas recién brotadas son las más nutritivas y mejores para ensaladas. Vive en prados secos y alterados por el hombre.


Ruta Nocturna "Félix Rodríguez de la Fuente"


La tarde es plácida, algunos troncos de encina me tienen entretenido artesanalmente mientras mi mente está absorta en el gran maestro de la naturaleza ibérica. Esta próxima noche admiraré el compendio de imágenes que las tinieblas me dejen ver, un sendero de sensaciones nocturnas de las que posiblemente me vendrán recuerdos a lo largo de mis próximos años de  vida campestre, como otros muchos que mis amigos habrán tenido que soportar en mis dilatadas y rústicas charlas añejas.
Él supo inculcar a diferentes generaciones su amor hacia el silvestrismo, hacia todo aquello que oliera a musgo. Fuimos creciendo con sus rapaces y lobos, él se fue haciendo mayor, y de repente nos dejó. Un desafortunado accidente de avioneta en tierras inhóspitas americanas lo convirtió en leyenda, una leyenda que nunca ha dejado de escudriñar nuestros corazones salvajes de admiración a nuestra laboriosa natura.


He querido hacer algo especial para la primera vez que honro su legado, me encuentro cerca de uno de esos  lugares míticos en sus investigaciones salvajes, la Sierra de Cazorla, y esto añade intensidad sentimental al hecho. Rebuscando troncos para el fuego surge una monumental araña marronácea, de principio me recuerda a la tarántula ibérica, Lycosa tarantula, pero al observarla detenidamente rechazo esa hipótesis, ya que aunque de parecido tamaño y color, un dibujo increíble en el dorso de su cefalotórax deshace mi teoría, es una imagen de la cabeza de un ser humano, algo que desconocía que existiese en el campo íbero.
Con esta afortunada aparición me voy a la cama, me levantaré a media noche para iniciar esta ruta en solitario y con la imaginación puesta en algunas de aquellas enseñanzas que Félix trasmitió a muchos de nosotros en aquellas tardes televisivas monocromas, en las que su voz irrumpía con fuerza y aplomo convenciéndonos de que “si venía el lobo”, era para hacer de nuestro planeta un mundo mejor.


Aunque acaba de nacer la primavera de este año, la noche es muy fría, al salir a la puerta del cortijo la oscuridad me retiene unos instantes observando la majestuosidad  del cielo estelar. Empiezo el lento caminar intentando no encender la imperfecta luz de mi linterna, es el momento de educar a mis ojos para adaptarlos a la falta de luminosidad. En un tejado cercano se intuye la silueta del minúsculo autillo, él sí me ve bien pero no se asusta, al contrario, prosigue con su insistente canto que es contestado por el sonido agudo de una hembra a lo lejos.

 La senda la conozco muy bien, la he pateado a diestro y siniestro, pero nunca a estas tranquilizadoras horas. En más de una ocasión debo encender la frontal, la luna prácticamente no existe, y aunque eso favorece el esplendor  celestial, no me ayuda a discernir algunos de los accidentes del camino.
Me encuentro en territorio jiennense, en la orla del parque natural de Sierra Mágina, cercano a otros entornos naturales como la comentada Sierra de Cazorla, la Sierra de Huétor o la mole de Sierra Nevada. Lugares todos ellos que podrían ser los protagonistas de uno de aquellos añorados capítulos felixianos de la “Fauna Ibérica”, pero no, en esta ocasión el actor principal somos mi tenebroso sendero y yo.

Siempre se ha dicho que para conocer, observar o escuchar la naturaleza debemos de ir en silencio, y si es en solitario mejor. Pues sí, el silencio es incontestable, aunque sean los momentos más ajetreados de la diversa fauna mamífera y de las sigilosas rapaces nocturnas, mi sensación es de una inmensa soledad sonora. Por fin escucho en la lejanía el rugir de lo que serán varios jabalíes, no me preocupan en exceso, pero entro en lo que serán las dos horas nocturnas, una continua alerta a lo que pueda surgir del camino o bosque interior.
Voy ascendiendo con la compañía estelar, el cielo está limpio, la Vía Láctea marca la senda que no desaparecerá hasta el amanecer, acompañada de constelaciones como la Osa Mayor, Casiopea o el grandioso Orión, surcado por la estrella más brillante del firmamento, Sirius. Casi sin esfuerzo aparente, penetro en el espeso bosque de quercíneas y pináceas, vuelvo a encender mis ojos artificiales, las sombras me juegan más de una mala pasada, por los cortados rocosos el Gran Duque marca su territorio, no dejará de insinuarse a su hembra durante toda la subida nocturna, pronunciando con ahínco su arrogante cantar en el silencio de la oscuridad.
El Paso del Lobo

La senda se estrecha hasta llegar al “Paso del Lobo”, son dos grandes rocas que parece se abrieran para dejar expedito el camino del extraño viandante de esta noche. En ese momento varios movimientos en la espesura me hacen detenerme e incluso retroceder, posiblemente una garduña o una gineta se ha visto sorprendida por esta masa amorfa que no conocen por suerte en estas moradas. Empiezo a ascender hacia la cuerda de la montaña, el día empieza a clarear, con las primeras luces los rastros y señales fáunicas sobresalen por cada uno de los rincones arbustivos de la serranía. Una vez en la vertiente de la montaña los excrementos de las monteses delatan su presencia de forma masiva en horas vespertinas. Las hozaduras de tejones y jabalíes dejan al descubierto las raíces de gran cantidad de árboles y arbustos, en ese momento pienso en qué seres me habrán rodeado durante la oscuridad de las primeras horas… El peligro más apremiante de estos bosques podrían haber sido los jabalíes, pero por suerte, en esta época las hembras están en su periodo de gestación, lo que las hace más dóciles y escurridizas, todo lo contrario sería más entrada la primavera y el verano, donde sus paseos con los rayones o jabatos podrían crear un enfrentamiento con cualquier ser con el que se cruzasen, protegiendo la hembra con su propia vida la defensa de su prole.

Al llegar a la cumbre de la Sierra de las Cuevezuelas la panorámica es extraordinaria, por el sur emerge la blanca Sierra Nevada, al este, abrasada por el sol matutino, concurre la nueva tierra del quebrantahuesos, la Sierra de Cazorla, y al noreste la serranía de mayor altitud andaluza si exceptuamos los tresmiles nevadenses, Sierra Mágina. Un gran roble solitario, todavía desnudo, deja entrever las esféricas agallas ya abandonadas por sus moradores insectívoros. En el pinar, el insistente piquituerto destroza una piña en la copa de uno de sus ejemplares mayores. El amanecer ha dado paso al cambio en la vida animal, la mayoría de los mamíferos buscan donde resguardarse de la pasada nocturnidad intensa, mochuelos, cárabos y demás especies de la misma familia desaparecen ocultándose en cualquier recoveco rocoso o arbustivo. Sin embargo ahora es el momento de las demás aves, de liebres, conejos, cabras y de algún zorro despistado.

Ya avanzada la mañana el trinar primaveral de las aves cantoras inundan el valle, desde una de sus cimas, Piedra Ballesteros, la vista esplendorosa de la cañada hace relucir los verdes almendros y los olivos recién podados buscando la efectividad en su fruto para la próxima temporada. La bajada se hace liviana, las ardillas han dejado varios centenares de piñas comidas alrededor de los grandes árboles, el picapinos tamborilea sobre los ejemplares más deteriorados, buscan las larvas bajo sus cortezas, en poco menos de un mes empezarán con esta misma sinfonía, pero en esta ocasión serán los machos construyendo sus nidos en profundas oquedades  para satisfacer a sus cónyuges.

El sol empieza a picar en las espaldas, jilgueros, pardillos y verderones me acompañan con sus cantos hacia el fin del recorrido, otra experiencia en contacto directo con el mundo de la naturaleza, otra supervivencia, otro aprendizaje… Gracias Félix.

Sierra Mágina