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Relatos de un Aikú: Cueva de los Murciélagos

Tribu neolítica del hábitat de la Cueva de los Murciélagos. Albuñol (Granada).


Localización:

Rambla de Aldhayar. Albuñol, provincia de Granada (España).

Descripción del lugar:




En el año 1831, el labrador nativo de Albuñol Juan Martín, que era propietario de la “Majá Campos”, cercana a la Cueva, observó que en la oquedad se refugiaban diferentes aves y murciélagos. Al entrar detectó gran cantidad de guano de las defecaciones de dichos animales, pensando en ese momento utilizarlo para abono de sus tierras. Con gran dificultad fue accediendo de vez en cuando al interior de la gruta, aprovisionándose de dicho material que utilizó durante un largo periodo de tiempo.
Cuando el descubridor de la cueva dio a conocer el hecho, algunos de sus vecinos se acercaron a visitarla, ya que era famoso su gran vestíbulo y su longitud. Al borde del precipicio abrieron una senda para acceder con más facilidad, pero seguía siendo un lugar vertiginoso para aquellos con pocas aptitudes montañeras.
Durante varios años la gruta sirvió para guardar ganado, descubriéndose en uno de esos encierros mineral plomizo, por lo que se creó una sociedad para explotar el que creían rico mineral. En 1857 se inició el trabajo minero, teniendo que despejar un boquete interior de varias piedras que lo cerraban. En ese momento los mineros descubrieron un gran anchurón, y al final del mismo tres esqueletos, siendo uno de ellos el portador de una gran diadema de oro, que fue la primera de este tipo encontrada en nuestro país.
Este hallazgo activó la codicia de los mineros, que pensaron que podía haber un gran tesoro. A partir de entonces su obsesión fue la búsqueda del mismo, con gran afán recogieron esqueletos, vasijas, hachas de piedra, y vestidos de esparto, tirándolos por la boca de la cueva hacia la rambla. Localizaron otro anchurón, mayor que el primero, donde había otros tres esqueletos, uno de ellos con el cráneo entre dos piedras y a su lado un gorro de esparto. Cada esqueleto tenía un cesto también de esparto, estaban llenos de lo que podían ser alimentos carbonizados por el paso del tiempo. También tenían otros cestillos llenos de flores, mechones de cabellos, semillas de adormideras y conchas marinas. Esto animó a los mineros, siguiendo con su arrasamiento para encontrar el preciado oro.
En la siguiente oquedad encontraron otros doce cadáveres, colocados en semicírculo y alrededor de un esqueleto de mujer muy bien conservado, vestido con túnica de piel, abierta por el costado izquierdo y sujeta por medio de correas enlazadas. Tenía un collar de esparto adornado con caracolas de mar, y en el centro del mismo colgaba un colmillo de jabalí.
Para los mineros seguía siendo escombro, por lo que siguieron hasta encontrar la última gran sala, donde aparecieron medio centenar de cadáveres con trajes, gorros, armas pétreas y vasijas, recogiéndolos y vaciándolos de nuevo por el precipicio, para tener más acceso al posible tesoro. Sin embargo no volvieron a encontrar restos de ese oro inicial, por lo que todo quedó desparramado y ultrajado por el recinto interior y la rambla.

Otros utensilios que se encontraron fueron sandalias de esparto, cuchillos de piedra, flechas con punta de pedernal pegadas con betún fortísimo, armas de guijarro, cuchillos y punzones de hueso, y cucharas de madera trabajadas a piedra y fuego, con el cazo ancho y prolongado, con un mango corto con un agujero para llevarlas colgadas. Todo esto fue saqueado y expoliado por todo aquel que encontró algo, por lo que su estudio arqueológico quedó empobrecido.
Esta es la reciente historia de un de los mayores hallazgos neolíticos de la Península Ibérica, siendo datados mediante pruebas radiocarbónicas los utensilios de esparto encontrados, entre el 5.200 y el 4.600 a.c., considerándose el testimonio más antiguo de cestería y cordelería conocido hasta ahora en España.


Algunos de los materiales que encontraron el la Cueva están expuestos en el Museo Arqueológico Provincial de Granada, en las siguientes imágenes aparecen una sandalia de esparto, un collar de hueso y la famosa reproducción de la diadema de oro.




Reseña extraída del libro: "Excursiones Arqueológicas: De Almería a la Cueva de los Murciélagos en Albuñol (Granada)". Cuadrado Ruiz, Juan.






Este vídeo reproduce la entrada prehistórica a la Cueva, se encuentra a una altura desde el valle de unos 70 m., en una pared vertical pétrea. Actualmente el paso es inaccesible por recientes desplomes de tierra, por lo que su entrada natural se inicia desde la misma rambla, en una trepa muy inclinada intercalándose piedra con tierra.



La historia real, ...o ficticia de nuestros antepasados: “Relatos de un Aikú”

Lugares que aparecen en la historia:

* El Arroyo: rambla de Aldhayar.

* Cueva del Consejo de Ancianos: Cueva de los Murciélagos.

* Gran Río: rambla de Albuñol.

* Lago Salado: Mar Mediterráneo.

* Monte Erguido: Cerro del Gato.


Capítulo Primero: “Formas de Sobrevivir”

Año 3.862 a.c., me llamo Tolka, pertenezco a la tribu de los Aikú, establecida en la península situada al suroeste de Europa. Tengo siete hijos de tres mujeres, el mayor tiene ocho años y el menor dos. La tribu está compuesta por varios clanes familiares a los que pertenecen todos los descendientes de un mismo hombre, nuestro clan tiene como líder al padre de todos, Macurub. Cada uno de estos clanes está especializado en algunos trabajos comunales, el nuestro tiene como principal tarea la agricultura y la caza.

El día ha amanecido cubierto, es época estival y la temperatura a estas horas de la mañana es suave y agradable. Antes de salir de la cabaña vamos a desayunar toda la familia, hemos preparado en un gran cuenco de barro la leche recién ordeñada de nuestras cabras, acompañándola de pan de trigo que hicimos días atrás.
El abuelo Macurub tiene hoy una gran asamblea con todos los líderes de la tribu, el patriarca Hobrub se encuentra en muy mal estado, temiéndose por su vida de un momento a otro, por lo que el hecho que se tratará en el Consejo de Ancianos, será la preparación de los rituales religiosos y la necesaria sucesión de nuestro gran líder.

Hoy saldremos un grupo de hombres en dirección al Gran Río en busca de caza, adentrándonos en el valle hacia abajo, hasta llegar al Lago Salado. Estaremos varios días fuera, por lo que llevaremos algunos víveres en cestos de esparto por si las capturas tardan en llegar.
Vivimos en un lugar excepcional, nuestras viviendas están situadas cerca de los grandes tajos que ha formado el pequeño arroyo mediante el paso de sus aguas durante siglos de actividad. Esto hace que los ataques de otras tribus o de algunos animales sean más fáciles de defender, ya que tenemos un solo flanco por donde podrían llegar estos enemigos. Las cabañas son de piedra y barro, casi todas de forma circular, aunque la del patriarca es ovalada y de mayores dimensiones a las demás. La techumbre la construimos con largos troncos de árboles, revistiéndola con haces de paja situados en sentido descendente en inclinación, para evitar que las lluvias penetren en el interior.


En el exterior de cada vivienda tenemos un horno de piedra, en él cocinamos nuestras carnes y pescados, pero también hacemos cada cierto tiempo varios panes de harina de trigo molida en molinos manuales también hechos de piedra. El agua la tenemos cerca, al fondo, en el valle que hace el cañón tenemos un arroyo cristalino que trae sus aguas de las cumbres de la sierra, en él encontramos variedad de animales que nos sirven de alimento, como algunos peces, y en su bosque de ribera hay multitud de pajarillos y micromamíferos como lirones y musarañas. El lugar es muy rico en seres vivos, dentro de mundo vegetal recolectamos frutos de diversos árboles y arbustos, entre ellos las moras, madroñas, almecinas, castañas, saúcos, piñones, bellotas y avellanas.

Capítulo Segundo: “Las Mujeres y los Niños”
Más abajo, siguiendo el cauce del arroyo, hemos desarrollado una serie de cultivos en las zonas llanas y fértiles, donde la tala de árboles para utilizarlos en las construcciones o para leña, han dejado grandes espacios libres donde afanarse en las tareas agrícolas, las cuales no hace mucho tiempo nadie conocía en nuestros poblados.
Esta es la labor primordial de nuestras mujeres, todas las mañanas se desplazan con el ganado de cabras para que pasten durante el recorrido hasta los campos de labor, los niños se encargan de controlar a los animales, procurándoles cada día el mejor sustento del herbáceo del lugar. Para nosotros es muy importante mantener el ganado sano y cuidado, ya que de él sacamos muchas de nuestras materias primas, utilizamos el estiércol para fertilizar la tierra, de las ovejas extraemos lana para mullir los camastros de los aposentos, de las cabras secamos y adobamos sus pieles para utilizarlas como vestido, los bueyes son el principal animal de tiro y carga, y sin lugar a dudas, de gallinas, cerdos, cabras y ovejas obtenemos la mayoría de los alimentos como carne, huevos y leche, viandas que resultan fáciles de conseguir, teniendo en cuenta que nuestras salidas de caza suelen tener un pobre resultado para las necesidades de abastecimiento del poblado.
Mientras los niños se encuentran con el ganado en las inmediaciones del arroyo, las mujeres inician sus tareas de cultivo. Éste se basa en cereales como el trigo, la cebada y el centeno, utilizando la estaca de madera para la siembra y la azada para la preparación de la tierra, con la intención de que aporte los frutos necesarios y deseados. Hoy volverán a casa con grandes cestos llenos de trigo, que una vez descascarillado y molido se convertirán en nutritivos panes horneados.

Capítulo Tercero: “Expertos Cazadores”

Los hombres ya estamos preparados, cogeremos el sendero que va desde el alto del tajo hasta el arroyo, siguiendo éste en dirección descendente. Debemos llevar las armas bien afiladas ya que podemos enfrentarnos a animales mucho más poderosos que nosotros, como el lobo o el propio oso. Utilizamos tres tipos de armamento, el arco y flechas, la lanza y el cuchillo, todas construidas con madera de árboles del entorno, adosadas a sus puntas piedras pulimentadas y afiladas, empleando cuerdas vegetales con fibras de plantas como el torvisco, la adelfa y la pita. El arco es de madera de sauce, con el tamaño de la mitad de un cuerpo, siendo el más utilizado cuando es peligroso acercarse al animal a cazar, o también es empleado para capturar pequeñas aves encaramadas en las alturas de las arboledas.


Ya estamos en el arroyo, dejamos al otro lado, en alto, la cueva donde se reúne el “Consejo de Ancianos” a deliberar los temas importantes de la comunidad. Cuando ya estamos saliendo del cañón, aparece por detrás uno de nuestros ágiles perros, lo dejamos que nos acompañe, será de gran ayuda para ahuyentar a algunos animales que pueden acercarse de noche a nuestro asentamiento.
Nos dividimos en dos grupos, escudriñando cada uno de los rincones que nos brinda el bosque, de vez en cuando cruzamos el valle, en esta época el arroyo tiene muy poco caudal por lo que es fácil sortearlo por casi cualquier lugar. En la zona más desarbolada hemos descubierto dos bocas de madrigueras de conejos, así que hemos pensado en vigilarlos para intentar capturarlos. Nos situamos por detrás de los agujeros de entrada o salida, a sotavento, esto dificultará el poderoso olfato del animal para poder descubrirnos, y esperaremos a que aparezcan.
Llevamos bastante rato al acecho, pero nada parece moverse por aquí, cuando menos me lo espero asoma una nerviosa cabecilla que de un certero lanzazo atravieso sin dudar. El ruido producido por el conejo en su desesperación ha alertado a sus congéneres, por lo que nos iremos de este lugar en busca de otras presas.
Antes de seguir nuestra andanza, mi compañero le saca las entrañas al animal y posteriormente le quita la piel, de esta manera no se estropeará, conservándose en buen estado dentro de las cestas aireadas de esparto que llevamos, en donde los insectos no podrán penetrar buscando alimento y pudrirlo.
Seguimos bajando el valle, sentimos cerca de nosotros al perro gimiendo, pero no lo vemos. Empezamos a buscar y, ¡allí está!, ha descubierto una culebra bastarda, mide casi tres metros y se encuentra quieta observando a nuestro can. Sabemos que acertar con las flechas sobre el ofidio no es fácil, así que mi compañero se agacha lentamente y recoge una voluminosa tosca, con absoluta rapidez la lanza sobre el animal, acertando de lleno, quedando atrapada entre el suelo y la casual arma lanzadera. Le pisa la cabeza para evitar ser mordido y se la corta con el cuchillo, este animal tiene gran corpulencia, lo que nos habría acarreado un disgusto si no la mortificamos en el acto. De nuevo la limpiamos y preparamos para meterla en el cesto, el día esta siendo productivo.

Capítulo Cuarto: “El Gran Río”

Está atardeciendo, todavía el calor se hace notar en nuestros sudorosos cuerpos, a veces nos quitamos las sandalias y metemos los pies en el agua, los insectos nos torpedean, el perro juguetea y salpica, se lo agradecemos.
Hemos cruzado a la margen izquierda del arroyo, ya estamos sobre el Gran Río, aquí entremezclan las aguas de varios afluentes de la sierra y se convierte en un paso difícil por su excesivo caudal. Llevamos demasiado tiempo sin ver a nuestros compañeros de caza, nos preocupamos ya que el lugar de reunión era la confluencia con el Gran Río, aquí los esperaremos.
Sentados y alerta observamos el monte que asciende desde el valle de forma vertiginosa. Es un terreno muy fértil, plagado de encinas y robles, en el cual hemos pensado a veces venir a cultivarlo, pero su abusiva inclinación y la dificultad del paso del río nos ha hecho desistir en el empeño. Alguna vez nos hemos atrevido a pasar, utilizando largas cuerdas, buscando la mayor cantidad de especies cinegéticas que existen por allí, pero el peligro que hemos corrido sigue manteniéndonos a raya con respecto a la colonización del “Monte Erguido”.
Se escuchan fuertes pisadas, nos incorporamos y vemos llegar a nuestros compañeros. Habían tenido una fuerte lucha para cazar a una cabra montés que se había separado de su rebaño. Después de limpiarla y arreglarla, la habían envuelto en grandes hojas y la habían enterrado, ya que estaban lejos del poblado y el peso hacía inviable su transporte.
Iniciamos de nuevo la marcha, la tarde empieza a refrescar, el sonido del río es ensordecedor, así que nos adentramos al hacia el bosque para evitar ser sorprendidos por algún peligro viviente, que camuflado por el ruido del agua podría atacarnos de improviso, así que penetramos en un sendero que nos introduce en la arboleda centenaria, en la que los algarrobos y alcornoques se mezclan, aportándonos sus energéticas semillas.
Entre la umbría vamos avanzando por el camino, de improviso un gran alboroto en las copas de los árboles nos pone en tensión. Son tórtolas que empiezan a buscar un lugar donde pasar la noche. Nos camuflamos y preparamos los arcos, puede haber cuatro o cinco aves, habrá que esperar a que se tranquilicen. Sólo dos flechas han acertado en el blanco, será la comida para esta noche.
Protegidos por un fenomenal acebuche montamos la acampada, utilizamos sólo unas cuantas pieles para el lecho, en ellas estaremos más cómodos y aislados de la humedad. Antes de oscurecerse todo nos repartimos el trabajo, unos buscan la yesca, otros recogemos leña de diversos tamaños. Para que el fuego sea efectivo deberemos seguir un proceso fácil pero entretenido. Colocaremos un círculo de piedras con una abertura orientada hacia la entrada del viento, en el interior situaremos la yesca, seguiremos colocando encima de ella palitos finos, y así paulatinamente aumentaremos el grosor de la leña, hasta formar una pirámide con los leñaos más gruesos.
Las estrellas ya están cubriendo el cielo, las dos tórtolas las hemos dispuesto quitándoles las plumas, cortándole la cabeza y limpiando todo el interior de sus entrañas. Con una rama no muy gruesa y verde, las hemos ensartado y una vez encendido el fuego hemos esperado sus ascuas. Una vez colocados en los extremos dos trípodes, hemos situado en horizontal las tórtolas en su rama, girándolas lentamente para conseguir un asado perfecto.
La cena ha sido muy sabrosa, para terminar nos hemos comido varias verduras de hojas jóvenes de majuelo, rosal silvestre y collejas. Por último, me he acercado al arroyo para coger agua en una pequeña cántara de barro, preparándonos varias infusiones sabrosas y expectorantes de hojas de pino machacadas.
Empieza a apretar el sueño, nos recostamos pensando en la siguiente jornada, no es nuestro terreno pero con suerte podremos conseguir los peces que tanto apreciamos en el poblado. El perro se echa sobre nosotros, al fin y al cabo él también ha llevado un día duro, espero que su vigilancia sea efectiva.

Capítulo Quinto: “Lago Salado”

Me he sobresaltado, está amaneciendo y la multitud de avecillas no paran de trinar. Es la hora para ellas de refrescarse y asearse en los remansos de agua. El perro no aparece por ningún lado, eso suele ser extraño ya que desde que nació ha estado acompañado del hombre, no puede haberse ido. Ahora lo oímos corretear cerca de aquí, ¿qué pasará?. Nos lo suponíamos, uno de sus grandes entretenimientos es perseguir a insectos como libélulas, mariposas, moscas..., pero esta vez es distinto, ha tropezado con un panal de abejas, y aunque es de madrugada y éstas están aún adormiladas, él no para de molestarlas, algún que otro aguijonazo se llevará. Aprovechamos la situación para organizarnos y recoger su dulce fruto, la miel. Debemos construir una antorcha con una rama verde, atándole a un extremo hojas secas y verdes, algo de yesca y todo envuelto en la grasa de los animales cazados el día anterior. La encendemos mediante el frote de dos piedras de pedernal y la aproximamos a la colmena. Esto ahuyenta a los insectos y podemos acercarnos con precaución, cortamos un gran trozo de panal, y al separarnos del lugar masticamos y disfrutamos del elemento más preciado por nuestros recolectores.

Acopiamos todos nuestros utensilios, la caza, los cestos, las armas, y nos dirigimos a la zona de “Lago Salado”, allí deberemos estar muy atentos, no es nuestro territorio y los lugareños podrían atacarnos en un momento de ira, protegiendo sus posesiones.
Durante el descenso del valle hemos observado restos de algunos mamíferos como ginetas y jabalíes, sin embargo sabemos que ambos son de costumbres nocturnas y crepusculares, y tanto el primero, de características arbóreas, como el segundo, terrestre y omnívoro, son difíciles de cazar, así que mejor no habernos cruzado con ellos.
Ya observamos el lago, no es habitual realizar partidas de caza tan lejos de nuestro poblado, pero las necesidades de subsistencia nos hace aventurarnos con la intención de obtener dos de los alimentos y condimentos más necesarios para la tribu. El pescado y la sal.
Nos acercamos hasta la orilla, desde allí nos dirigimos hacia el Este, hasta alcanzar las primeras rocas sobresaliendo del agua, es en estos lugares donde recogemos la sal desecada por el sol sobre las pequeñas charcas del formidable arrecife rocoso. Esta jornada será muy intensa, deberemos preparar nuestros utensilios para la pesca, y una vez conseguidos estos, nos adentraremos en las cálidas aguas para , a base de paciencia y precisión, intentar capturar el mayor número de peces.
Varios componentes del grupo tendrán hoy un trabajo distinto, uno de ellos deberá construir un arpón para completar loa que hemos traído del poblado, al igual que para las demás armas, utilizaremos el sauce, pero además deberá atarle un tridente para la punta, y una vez afilada hacerle unas muescas debajo de los extremos de cada punta, en sentido diagonal hacia abajo, de esta forma al coger el pez no podrá escapar. Los otros fabricarán con ramas verdes un ahumadero, en el que secaremos y ahumaremos la carne cazada y el pescado capturado hoy. Esta es una forma de conseguir que los alimentos no se pudran, manteniendo encendido un fuego constantemente, añadiéndole hojas verdes para aumentar el humo.

La jornada está siendo excelente, la cantidad de peces que merodean cerca de nosotros hace que hayamos atrapado un número abundante de ellos, sobre todo sargos y herreras. Al mediodía hemos descansado para comer, nuestra dieta se ha basado en, como no, peces, lapas, mejillones y caracolas. Cuando estamos en el poblado estos manjares no están a nuestro alcance, aunque sí capturamos caracoles y babosas que tienen un sabor parecido e idénticas propiedades nutritivas.
Empieza a anochecer, sólo se quedan dos pescadores mientras los demás montamos el vivac retirados del lago, el rugir del oleaje no nos permitiría descansar, además de camuflar el sonido de cualquier imprevisto.
Estamos cerca de acostarnos, antes nos hemos tomado unas sopas de algas saladas que nos relajarán y aportarán las sales minerales y vitaminas que durante estos días hemos perdido. La Luna está llena, no obstante nos deja ver algunas estrellas que parpadean en la sosegada nocturnidad, quizás deberíamos haber pernoctado en la ribera del lago, su suelo esponjoso habría sido un lecho más calmante para nuestros huesos, bien, el sueño no me deja pensar más, sólo se oyen los quejumbrosos mochuelos y el lejano autillo, señal de que será una noche tranquila y probablemente un día aún mejor...

Capítulo Sexto: “Vuelta al Poblado”



Parece que se oye el crujir de las ramas sobre el suelo, ¿se estará acercando alguien?. Despierto a mis compañeros y todos con las armas preparadas nos situamos en alerta. La iluminación que nos aporta el satélite pronto nos hace descubrir a los intrusos, son dos y no los conocemos. Se acercan a nosotros sigilosos, nos observan, intentan comunicarnos algo, son de otra tribu y no nos entendemos. Mediante gestos nos hacen comprender que estamos en su territorio. Debe ser así ya que nadie que no fuera nativo del lugar se atrevería a transitar en la oscuridad, es una zona peligrosa, sobre todo por la cantidad de lobos que otean amparados por la noche.
Nuestros visitantes no parecen agresivos, son expertos pescadores y nos han enseñado sus capturas, explicándonos de forma gráfica que las mejores hora del día para la pesca son precisamente las nocturnas. Encendemos un fuego, y con la tranquilidad de encontrarnos invitados a vivienda ajena, seguimos nuestra conversación gestual. Empieza a amanecer.

Hoy emprenderemos el viaje de vuelta al poblado, subiremos por el río paralelo al de nuestro valle. Al igual que éste, se encuentra tapizado de bosques de robles y encinas, en otras épocas solemos venir desde la zona alta en busca de sus exquisitos frutos, madroñas, almecinas, escaramujos, serbas... El estío nos reserva para la subida fabulosas moreras que nos hidratan e inyectan los azúcares de sus sabrosísimas moras rojas.
Vamos muy animados, la caza ha sido muy jugosa y aunque el esfuerzo es grande al llevar los cestos cargados, no pensamos en ello y sí en el recibimiento de nuestros hijos que siempre esperan la sorpresa de las presas que llevamos, es la forma que tienen de aprender las técnicas y los animales de caza que en pocos años ellos deberán buscar y conseguir para a comunidad.
Uno de los compañeros se para de forma brusca, ha visto algo que le ha impresionado, nos acercamos y lo confirmamos, parecen huellas de osa y varias más de oseznos. Habrán bajado a refrescarse, es una mala época para enfrentarse a una madre osa, suelen ser muy agresivas defendiendo a sus crías, nuestra intención es evitarlos pero vamos por un sendero que probablemente ellos también utilicen.
El oso es uno de los animales más carismáticos de nuestro medio, cuando conseguimos cazarlo se organiza una fiesta alrededor de él. Degustamos su sabrosa carne, su piel y pelo lo utilizamos como alfombras para los camastros y como vestid para el crudo invierno, y su grasa es esencial para la iluminación nocturna de las cabañas. Al ser mucho más fuerte que nosotros, empleamos una técnica de caza social, que consiste en reunir a la mayoría del poblado, y cuando sabemos la localización del animal, si está cerca de nuestros agrestes cortados de piedra, lo rodeamos haciendo el mayor ruido posible, el oso suele asustarse ante tal manifiesto de agresividad y lo vamos dirigiendo al acantilado. Allí aumentamos el ruido y los gestos exagerados, intentando que éste pierda el equilibrio y caiga, muriendo del impacto con el suelo. En alguna ocasión, esta situación ha llevado a la muerte a algunos de nuestros hombres, en un intento del animal de salvarse de la muerte segura.

Capítulo Séptimo: “La Muerte del Gran Jefe”
Nos estamos acercando al poblado, durante toda la subida no hemos visto ni rastro de los plantígrados, hemos tenido suerte, así que ahora esperamos el recibimiento de los nuestros. Nos extraña el poco ajetreo que hay en los alrededores, a lo lejos aparece uno de los niños y al llegar a nosotros nos da la triste noticia de la muerte de Hobrub, el gran patriarca de la tribu. Ocurrió esta madrugada, y desde entonces los jefes de los clanes han estado preparando la “Gran fiesta” en honor a él.
Sin ninguna demora, dos de los cazadores de la cabra montés se dirigen al lugar donde la enterraron, ya que si hay suerte y los insectos no la han atacado, se podrá recuperar para nuestra comida comunal.
Las mujeres nos atienden con premura, les damos las cestas con las pieles, se las llevan a la zona del campamento donde se preparan las mismas para que después sean utilizadas como vestido o protección delas propias cabañas. Recogen los bastidores de madera mientras otras, con raspadores hechos de piedra, limpian todos los restos de carne para que la piel quede los más tersa posible. A continuación las tensan en los bastidores, y después de un tiempo las sumergen en agua mezclada con raspaduras de corteza inferior de roble y castaño, curtiéndose la piel y mejorando su calidad. Por último las llevan a la arboleda a secar en la sombra. ¡Tendremos nuevos vestidos!.
El abuelo acaba de entrar en la cabaña, está pesadumbroso, después de mucho tiempo deliberando han decidido que en la ceremonia de enterramiento de Hobrub, deberán ser sacrificados dos adultos de su clan, los cuales tendrán la finalidad de proteger al patriarca en el más allá. Antes de iniciar la procesión, los dos elegidos se sentarán en la entrada de la cueva del “Consejo de Ancianos” e ingerirán una poción con agua, semillas de ricino y adormideras disueltas, que les harán ir desvaneciéndose lentamente, hasta morir por el poder del letal veneno.
Ha caído el atardecer, todo el pueblo se ha engalanado con sus mejores atuendos, muchos de ellos llevan un regalo para Hobrub, semillas de cereales, armas, cestos de flores, vasijas... Todos en silencio seguimos a los tres cadáveres, delante va el patriarca, y todos están envueltos en formidables pieles preparadas para el evento. Cruzamos el arroyo y subimos la empinada senda que nos lleva a la cueva, aquí no cogemos todos, por lo que sólo los adultos pueden acercarse hasta ella, los demás esperan en el valle el final de la ceremonia.

Mirando hacia el cielo, el “Consejo de Ancianos” hace unas plegarias a nuestra diosa “Lluvia”, es el momento de despedir a Hobrub y nombrar a su sucesor. Lo han decidido hace varios días, pero nadie sabe quién será. En voz alta pronuncian su nombre, ¡Katal!, en ese momento todos cabizbajos esperan la llegada de este experimentado cazador, él se encargará de finalizar el ritual. Katal y varios hombres entran con los cadáveres en la cueva, dejándolos preparados para la otra vida. Es el momento de la entrada de algunas mujeres, llevan regalos al patriarca, se los colocan en cestas alrededor de los cuerpos, y a Hobrub le depositan en la cabeza la diadema de oro que tallaron hace algunos años en el poblado del clan norte. Es un símbolo de poder. Después mueven entre todos varias pesadas piedras que taponan la cueva, la intención es que los muertos no sean profanados.
¡Ya sale Katal!, se inicia el júbilo de la fiesta, saluda a todos sus vasallos, seguro que será un gran jefe.
En honor a nuestra diosa “Lluvia”,a Hobrub y a Katal, todo el poblado ha organizado una celebración memorable. Habrá comida y bebida, ésta última la elaboramos con frutos silvestres macerados en miel y agua. Habrá también bailes y canciones de nuestros antepasados, y por último cada clan ofrendará al nuevo patriarca uno de sus mejores animales domesticados.
Observando el cielo cavilo, ¿habrá un más allá?. ¿quién pisará estas tierras cuando nosotros hallamos desaparecido?. El sonido del búho me tranquiliza, no quiero pensar más.




Este relato está dedicado a todos aquellos antepasados albuñolenses que dejaron su semilla en esta formidable tierra.

Alcornocal del Haza del Lino: Paseo Botánico por el Alcornocal más Antiguo de Europa.


En épocas pasadas la mayoría del territorio español estaba sembrado de multitud de bosques que hacían de la Península un lugar con gran diversidad de especies que beneficiaban la supervivencia de los pobladores indígenas que allí habitaban.
                                                               Lluvia en el Alcornocal

 La actual sierra de la Contraviesa se encuentra situada de forma paralela a la majestuosa Sierra Nevada, introduciéndose hacia el sur, entre acantilados y playas, en el Mare Nostrum.  Si tiene alguna característica que la diferencia de otros lugares montanos, es la prácticamente ausencia de bosques en su entorno, ya que la mayoría de de ellos fueron talados para alimentar los hornos mineros de la vecina sierra de Lújar,  las fábricas de aguardiente del interior y la industria azucarera de la costa. A pesar de ello todavía existen algunos pequeños reductos de esos antiguos bosques, siendo el más carismático el que circunda la cima de su sierra, el Alcornocal del Haza del Lino.
Alcornoque centenario

Este alcornocal está considerado como un auténtico monumento natural, ya que no solamente es el situado a mayor altitud de Europa (1.400 m.), sino que según el botánico Pablo Prieto es también el más antiguo del continente, poseyendo pies de la época romana, apareciendo reseñas publicadas por el historiador griego Estrabón en su Geografía, donde añadió estos bosques de quercíneas al espacio geográfico del sur de España.
Se encuentra situado entre 1200 y 1400 metros de altitud, el ombroclima es supramediterráneo, justo encima de él aparece la cima más elevada de esta Sierra, el Cerro Salchicha, con una altura de 1.545 metros s.n.m. Abarca unas 100 hectáreas con una pluviosidad entre 600 y 1000 mm/año, bastante más que la media del sur de Granada debido a su situación cercana al mar, donde en muy poca distancia se sube drásticamente enfriando las nubes produciendo gran cantidad de precipitaciones, tanto en forma de lluvia como en granizo o nieve. Presenta un relieve alomado, propio de las cumbres esquistosas de morfogénesis estructural de la Contraviesa. Los suelos son cambisoles eútricos, regosoles eútricos y luvisoles crómicos.
La entresaca del corcho


El paseo botánico que proponemos por este bosque empieza al lado del gran castaño que abandera este espacio, la edad aproximada de este ejemplar es de unos 500 años, con una altura de diez metros y un perímetro en el tronco de cinco. Seguimos hacia el oeste hasta encontrar un camino con cadena, la sobrepasamos y justo enfrente de un castaño centenario casi seco, bajamos hacia la primera gran vaguada, aquí seguimos ascendiendo de nuevo hacia poniente bordeando el pequeño arroyo que en época de lluvias  deja transcurrir unas límpidas y cristalinas aguas de montaña. Se manifiestan en el valle algunas plantas de ribera como sauces, rosales silvestres y zarzamoras. Cuando el entramado de matorral no nos deja seguir volvemos sobre nuestros pasos acompañando de forma descendente todo el arroyo hasta llegar a un camino forestal que nos desvía, dejando el valle a nuestra derecha y ascendiendo de forma paulatina dicho camino. Aparecen de forma continua alcornoques de diferentes edades, aunque los más sobresalientes y centenarios los observaremos en una de las curvas pronunciadas a nuestra izquierda. El matorral que acompaña en casi todo el bosque a este quercus son los diferentes tipos de cistus o jaras, mezclándose con gran cantidad de rascaviejas y aulagas, que serán las únicas que estarán en flor en los paseos invernales.
Vegetación de ribera


Las épocas más placenteras para disfrutar de este espacio natural es el otoño, por sus frías mañanas rodeadas de setas, y la primavera, cuando la floresta del matorral está en plena efervescencia. Seguimos el camino hasta un cruce de senderos, nosotros nos dejamos caer hacia la derecha descendiendo un poco hasta llegar a un bonito acantilado, será un lugar idóneo para la observación de algunas de las rapaces que merodean por aquí como el águila real o el gavilán, el cual puede verse entre la masa forestal de la loma de enfrente. Desde este punto observamos el valle con su espléndida alameda y nos percatamos de la caída del arroyo del Haza del Lino buscando entre cortados al río Guadalfeo por la población de Torvizcón.
Sierra Nevada desde Cerro Salchicha

Volvemos hacia atrás hasta el camino principal y lo seguimos con pocos cambios de altitud. En invierno el suelo húmedo y helado convierte a este paseo en un cúmulo de señales y huellas muy pronunciadas, claramente las pisadas de zorro, jabalí o cabra montés detectan su presencia no ha mucho tiempo atrás. Además otros de los mamíferos con los que podemos tropezar son la gineta, gato montés, tejón, comadreja, lirón, liebre y conejo.  Pronto pasamos una nueva vaguada, en ella surgen entre el conjunto de plantas torviscos, acebuches, aladiernos y lentiscos, el camino sigue ascendiendo un poco y de repente aparece la gran mole Nevadensis, el Mulhacén con toda su sierra inunda nuestra vista de agradable blancor y majestuosidad. Nuestro caminar nos lleva hasta el final del sendero, muy cerca de un pequeño cortijo derruido, al lado de un barranco con agua del cual podremos beber con precaución.
La oreja del bosque (Auricula judae)


Ahora toca volver hacia atrás hasta el primer cruce de caminos, cogiendo en esta ocasión el de la derecha que asciende con más desnivel. El corcho lo encontramos tirado por toda la ruta, le da un sabor especial al entorno, y sobre todo en aquellos años en los que se produce la pela o corta de la corteza del alcornoque, cuando adquiere un color rojizo el tronco de estos árboles mezclándose con multitud de líquenes de la corteza vieja, creando una gran variedad de colores a un entorno aún más variado.
Sierra de Gádor desde la cima del alcornocal


Este tramo del sendero es más penoso, el desnivel es fuerte y nos acercará hasta un pequeño cortafuegos que deberemos subir, no sin antes haber observado entre las jaras algunas de las variedades de orquídeas que sobresalen en primavera. La subida hace desaparecer al alcornoque, surgiendo las pequeñas encinas que una vez llegados a la zona más alta de la sierra se convierten en pinos silvestres. Entre la espesura del bosque podremos haber observado multitud de invertebrados de las familias de los lepidópteros, coleópteros, himenópteros y arácnidos. También algunos reptiles como culebras de escalera, de herradura o bastarda, lagarto ocelado y lagartija rabilarga; aunque con lo que más podremos disfrutar será con la variedad de aves que desvían nuestra mirada una y otra vez, encontrándose entre ellas las currucas, arrendajos, mirlos, escribanos cerillos, agateadores, trepador azul, pito real, palomas torcaces y las cogujadas montesinas.
El grito del bosque

Prácticamente el recorrido está finalizando, desde la cúspide podemos hacer una mirada panorámica de 360º, pasando desde el Mediterráneo con toda la Contraviesa al sur, la sierra de Gádor al este, Sierra Nevada al Norte y sierra de Lújar al oeste. Después de un trago de buen vino del Cerro del Gato, y un bocadillo de jamón de este lugar volvemos hacia el inicio de la ruta, sólo deberemos seguir la pista forestal sin dejarla hasta llegar de nuevo a la cadena cercana al gran castaño, allí deberemos seguir la carretera unos quinientos metros y a la derecha en un barranco encontraremos la fuente de los Alcornocales, proveniente del manantial del Haza del Lino, que nos mitigará la sed, dando por finalizado este histórico paseo por el alcornocal más longevo de nuestro continente.
Manantial del Haza del Lino, Fuente de los Alcornocales


Clasificación de todas las especies de plantas observadas en el bosque

Alcornoque (Quercus suber)
Árbol perenne de gran corpulencia, que en pocas ocasiones supera los 20 metros de altura. El tronco suele ser retorcido cuando los ejemplares están aislados, cuando crece en la espesura son rectos.

 El "bornizo" es la corteza formada por el corcho de color grisáceo y muy agrietado. Cuando éste es arrancado aparece una capa interna de color anaranjada que pronto se oscurece formando la nueva corteza de corcho. Su fruto es la bellota, y se diferencia de otros quercus en las escamas superiores de la cúpula, que están prolongadas en forma de lengüecilla blanda.
Su principal aprovechamiento es la extracción del corcho, que es un material ligero, impermeable y aislante, el cual es utilizado para diferentes usos como tapones para bebidas alcohólicas, revestimientos acústicos o construcción de muebles.
 La leña y el carbón son de buena calidad, sacándose de la madera y la corteza los taninos. La producción de bellotas es utilizada para la montanera o alimento para los cerdos de campo.



Castaño (Castanea sativa)
            Árbol caduco de gran porte, puede llegar a los 35 metros de altura. El tronco es grueso y corto, ahuecándose en ejemplares centenarios. Si se tala brota desde la cepa, dando lugar a varios troncos más delgados. La copa es densa y muy ramificada. El fruto es la castaña, es un fruto seco coriáceo y fino, tomentoso por su cara interna y brillante de color marrón rojizo por la cara externa, dentro alberga la semilla de sabor excelente.
Es una especie de crecimiento relativamente rápido, su madera es de buena calidad, apreciada en carpintería y construcción.

 Como leña es poco calorífica y arde mal. Su madera, corteza y frutos son ricos en taninos , empleándose en los curtidos y medicinalmente es astringente. También es una planta melífera.
La castaña es muy nutritiva, tienen gran cantidad de hidratos de carbono, aunque no conviene abusar de ellas ya que son algo tóxicas.

Pino Albar (Pinus sylvestris)

            Árbol que puede alcanzar hasta los 40 m. de altura. La corteza de la parte superior es de color asalmonada y se suele desprender en delgadas láminas. 
Las ramillas son finas y flexibles. Los braquiblastos tienen dos acículas de 3 a 7 cm de longitud. Los conos floríferos masculinos son de color amarillo y a veces rosados, los femeninos son rojo púrpura. Las piñas miden entre 3 y 6 cm de longitud, siendo simétricas y a veces levemente asimétricas. Las escamas inferiores tienen el extremo anguloso.
            La madera es muy buena, empleándose para construcción, puertas, ventanas y muebles. Estos pinares son productores de setas como níscalos o boletos de pino.


Encina (Quercus ilex)
                Árbol perenne y corpulento, que puede alcanzar los 25 m. de altura. Su corteza es gris oscura, resquebrajada y agrietada, sus hojas son de color verde oscuro, gruesas, duras y variadas en forma, con el borde liso o espinoso (más espinoso cuanto más cerca están del suelo, para protegerse del ganado que intenta comérselas).

 Las flores masculinas son colgantes y amarillentas, se les conoce con el nombre de “moco”. Las femeninas son solitarias o en grupo de dos o tres. Su semilla, la bellota, es marrón oscuro en su madurez, es comestible y energética. La madera de este árbol es buena, dura y compacta, utilizándose para leña y carbón vegetal.
            Este árbol es el máximo representante del bosque mediterráneo.

Acebuche  (Olea europaea)

            Es un árbol perenne que puede alcanzar los 10 m. de altura, aunque se puede encontrar con aspecto de matorral. El color de sus hojas es verde pálido por el haz y blanquecinas por el envés. 


El fruto es carnoso y comestible (aceituna), de 1-2 cm. de longitud, verde al principio y negro en su madurez. Tanto sus hojas como su fruto tienen infinidad de propiedades medicinales, entre ellas están las siguientes: expulsa las lombrices intestinales, rebaja la fiebre y cura heridas, quemaduras, llagas y úlceras.

Sauce blanco (Salix alba)
            Árbol de hoja caduca que puede superar los 20 m. de altura. Ramillas erguidas, flexibles y de color grisáceo, amarillento o castaño. Yemas con pelosidad serícea, hojas verdes, alargadas, agudas y serradas, con un reflejo blanquecino en el envés. Flores en amentos erguidos que frecuentemente nacen antes que las hojas.

            Su madera se utilizó para fabricar toneles y vigas. Sus ramas jóvenes son tejidas como mimbre. La corteza y amentos tienen un alto contenido en salicina (parte de la que se compone la conocida Aspirina).

Chopo blanco (Populus alba)
            Árbol caducifolio que puede alcanzar los 25 m. de altura. Tiene una corteza blanquecina o grisácea y lisa, las hojas son verdes por el haz y blancas por el envés. 

Cuando éstas se encuentran en brotes de alargamiento miden hasta 17 cm. de longitud, son de forma palmeado-lobulado y las márgenes lobuladas y dentadas. Si las hojas son de brotes cortos, son más pequeñas, de hasta 6 cm. de longitud, con las márgenes lobuladas a casi enteras. Los frutos son de forma ovada.
            Su madera se ha empleado para hacer cajas, vigas, pasta de papel y palillos de dientes.


Aulaga (Genista scorpius)

                Matorral espinoso que puede llegar a superar los 2 m. de altura. Tiene ramillas espinosas de unos 5 cm. de longitud. 

Las flores, de color amarrillo, están dispuestas en fascículos. Su fruto es una legumbre pequeña, curvada y casi sin pelosidad. Suele formar extensos matorrales.

Rosal silvestre (Rosa canina)
Arbusto de hoja caduca de hasta 2 m. de altura. Ramas verdes teñida de rojo a veces y un poco arqueadas, con aguijones gordos y curvados. Las flores son blancas o rosadas y de perfume agradable.
            Esta planta ha sido utilizada medicinalmente para curar problemas digestivos, quemaduras e inflamación de ojos.





Majuelo (Crataegus monogyna)
Arbusto que puede llegar a crecer hasta 10 m. de altura, espinoso, con corteza lisa, parda, que se oscurece al envejecer. Hojas alternas, con el haz de color verde oscuro y brillante, y el envés verde claro o verde azulado. 

Flores blancas y fruto de color rojo oscuro coronado por restos de sépalos. Con el fruto se preparan mermeladas y jarabes, con las hojas y flores se curan enfermedades del aparato circulatorio, la tensión nerviosa y el insomnio.

Retama (Retama sphaerocarpa)
Matorral de hasta 3 m. de altura de hojas muy pequeñas (5 mm.). Las flores se disponen en racimos laterales cortos (de 1 a 3 cm). de longitud). El fruto es una legumbre de color pajizo.


Cantueso (Lavandula stoechas)
            Mata escasamente leñosa con inflorescencias compactas y muy ramificadas. Las flores forman líneas verticales que recorren el conjunto de las inflorescencias. Esta lavanda es casi de porte arbustivo por su tamaño. Fue usada como desinfectante y perfume (en latín lavándula significa lavar).




Alhucemilla (Lavandula multifida)
             Mata poco leñosa y con inflorescencias a veces ramificadas, las hojas son multidentadas y pequeñas con respecto a otras lavandas. El tamaño de la flor es también de las menores dentro de su especie. Al igual que todas las lavandas se utilizó como desinfectante y perfume.




Romero macho o Jara pringosa (Cistus clusii)
                Mata esbelta y muy ramificada de hasta 1 m. de altura que desprende un aromático olor a resina. 

Hojas de 10 a 25 mm. de longitud, de color verde oscuro y brillantes por el haz y blanco tomentoso por el envés. Flores de 20 a 30 mm. de diámetro que nacen en cimas de color blanco.


Jara blanca o estepa (Cistus albidus)
                Mata de porte redondeado de hasta 1’5 m. de altura. Tallos erguidos y muy ramificados. Sus hojas, de color verde claro, están compuestas de abundantes pelillos estrellados. Las flores son de color rosa.


Gamones (Asphodelus albus)
            Mata con largas varas donde aparecen las  flores, siendo éstas de color blanco.


Lechetrezna (Euphorbia serrata)
            Mata de poco porte con un látex blanquecino en el tallo que es tóxico, que a su vez se emplea para quitar las verrugas.


Tomillo (Thimus zigis)
Planta pequeña de unos 30 cm. de altura, de color verde oscuro y con hojas pequeñas aromáticas. Sus flores son pequeñas y de color blanco o rosado. Sus propiedades medicinales son muy variadas, antisépticas, tónicas sobre la circulación y centros nerviosos, su infusión se administra contra las diarreas, gastritis y anorexias.

También está indicado para hacer desaparecer la bronquitis, laringitis y gases intestinales. Calma los dolores reumáticos, es estomacal, provoca la orina, la menstruación y el parto. Una infusión de tomillo puede reemplazar agradablemente al café o té.

Esparto (Stipa tenacissima)
Matorral que puede llegar a los 1’5 m. de altura cuando está florido. Sus hojas son muy numerosas y algo punzantes. Con las fibras de sus hojas se fabrica el esparto.


Nazareno (Muscari neglectum)
            Planta pequeña que no supera los 6 cm de altura, formando un racimo de flores azul intenso, con los dientes de la corola blanco lácteo. El tallo es marrón violáceo arriba y verde abajo, donde se encuentra con muchas hojas estrechamente lineares.

Zarzamora (Rubus ulmifolius)
Arbusto de hasta 3 m. de altura con tallos arqueados de color violeta oscuro, con aguijones fuertes de base ancha, sus hojas tienen el haz verde oscuro y el envés blanco grisáceo. Las flores son de color rosado y a veces blancas. 

El fruto es una pequeña pelotita de 1 cm. de diámetro, compuesto por globitos pequeños. Esta planta ha sido utilizada en la medicina para curar hemorroides, inflamaciones de la boca y garganta, y diarrea.

Junco (Scirpus holoschoenus)
                Matorral de unos 2 m. de altura, con ramas aciculadas, largas y terminadas en aguja. Se encuentra en zonas húmedas.



Amapola Común (Papaver rhoeas)
            Planta muy abundante que aparece sobre todo en terrenos baldíos, en climas secos y florece de marzo a junio.
            Se utiliza como narcótico, béquico, antiespasmódico y sedante.


Torvisco (Daphne gnidium)
Arbusto que puede superar 1’5 m. de alto, con ramas pelosas y provisto de hojas en toda su longitud, solo agrupadas en la parte final. 

Las flores son amarillentas, pequeñas y numerosas, organizadas en racimos en el extremo de las ramas. El fruto es una drupa de color rojo anaranjado.


Bolina (Genista spartioides)
            Mata de hasta 2 m. de altura, ramillas estriadas, largas, gruesas y rígidas, con hojas de 2 a 7 mm. de longitud. Sus flores están agrupadas en racimos cortos. La legumbre es ovada y con un tamaños de 7 a 8 mm.




Mastranzo (Mentha suaveolens)
                Hierba verde oscura que crece en herbazales húmedos, de una altura de 1 m. aproximadamente. 

Las hojas son pelosas y alternas, sus flores están en ramilletes y son de color blanco. Tiene propiedades digestivas, tónicas, estimulantes, antisépticas, anestésicas y analgésicas.

Lechetrezna (Euphorbia characias)
            Planta con tallos de hasta 1 m. de altura, con hojas lineares. Inflorescencias con 10 a 20 radios. Vive en zonas de umbrías y húmedas.

Hinojo (Foeniculum vulgare)
            Planta que se adapta a diferentes lugares, desde cunetas a umbrías húmedas. Es de color verde claro el tallo y las hojas.
                Se utiliza como aditivo para las comidas, en medicina es diurético, carminativo, aperitivo, digestivo y afrodisíaco.







Fauna asociada a la vegetación
Aves:
Perdiz roja, alcaudón común, zorzal, abejaruco, paloma torcaz, tórtola europea, arrendajo, urraca, grajilla, pinzón común, jilguero, verderón, carbonero común, herrerillo común,
herrerillo capuchino, mirlo, currucas, roquero solitario, golondrina común, avión común, cogujada común, escribano soteño, escribano cerillo, escribano montesino, triguero, pito real, agateador,

trepador azul, cuco, avión roquero, collalba rubia, collalba gris, ruiseñor, tarabilla común, azor, gavilán, autillo, mochuelo y búho real.


Mamíferos:
El jabalí y la cabra montés son los representantes de gran tamaño, junto al conejo, otros pequeños y medianos mamíferos como musarañas, erizos, ratones,

lirones, topillos y liebres conforman la alimentación de las especies predadoras, como son el gato montés, el zorro, la garduña, la comadreja y la gineta.


Reptiles y anfibios:
Entre los reptiles, son abundantes los lagartos, como el ocelado, las lagartijas como la rabilarga y diversas culebras (bastarda, de herradura, de escalera...),

y entre los anfibios, ranas, ranitas, sapos y sapillos, todos estos últimos asociados a la presencia de lugares con agua en los que reproducirse, sobre todo en época primaveral.


Invertebrados:
Existe una enorme variedad de especies, del orden de decenas de miles, asociados a este alcornocal, en sus distintos tipos y muchos exclusivos de él.

Entre ellos, innumerables tipos de lepidópteros, coleópteros, himenópteros y arácnidos.