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"Laciana, el Contador de Historias de Osos"


Se divisan los primeros montes del Cantábrico, difícil será a partir de ahora difuminar el color verde de sus prados y sobre todo el de sus bosques. Penetramos en la comarca leonesa del Bierzo buscando uno de los entornos naturales reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad, Las Médulas. Esta serranía te sorprende por su intensa paleta bicolor, por un lado las rojizas paredes de arcilla y por otro el verdor de sus bosques de castaños. Este paisaje, modelado por las ingeniosas manos de los romanos durante dos siglos, fue una monumental mina de oro de la que se extrajo dicho mineral mediante técnicas de hierro, agua y fuego. Esta sorprendente imagen paisajística será el prolegómeno de nuestro objetivo durante este viaje, el Valle de Laciana.
El Oso Pardo Ibérico


Esta singular comarca se encuentra en el noroeste de la provincia de León. Está considerada como Reserva de la Biosfera, siendo limítrofe con lugares míticos cántabros como los Ancares, el Bierzo o Somiedo. Su espacio geológico se podría resumir en grandes montes cercanos a los dosmil metros de altitud con inmensos valles surcados por el Sil y sus pequeños afluentes. Precisamente este es uno de los dos agentes que orada sus sierras, ya que el otro es el ser humano que ha realizado la misma función mediante la extracción del carbón en su infinidad de minas, de ahí la similitud con las susodichas Médulas, unas en época contemporánea y las otras durante el imperio romano.
El Valle de Laciana está compuesto por trece pueblos pequeños, si exceptuamos  Villablino que es su capital. Sus comarcas vecinas son Babia y el Alto Sil, compartiendo con ellas tanto los paisajes como su arquitectura, que hacen del lugar un espacio único y muy peculiar. La base de la economía de este precioso valle hasta hace muy poco tiempo fue el de la minería del carbón, hasta que se consideró que esta industria no era sostenible y fue cediendo hasta encontrarse en el estado actual, pasando de una población activa dedicada a ella de quince mil personas, a no más de mil en la actualidad. Esto ha cambiado la mentalidad de los habitantes de la zona y de sus políticos, ahora la reconversión de esta comarca se tiene que centralizar en el ansiado turismo, que empieza a dar sus primeros pasos, focalizando sus puntos de interés en sus espacios naturales, con su exuberante flora y sobre todo su abundante y autóctona fauna.
Castaño centenario de las Médulas

Nosotros hemos elegido la población de Villaseca como “campo base” para conocer este enclave natural. El pueblo se encuentra labrado por el aún joven río Sil, y rodeado por fabulosos bosques con un halo de misterio por su frondosidad y aspecto salvaje.
Al anochecer nos encontramos en uno de sus múltiples bares, allí nos atiende un afanoso tabernero que con gran simpatía y amabilidad nos pone al día del lugar donde nos encontramos. Una vez adquirida la confianza se desahoga con algunas de sus experiencias vividas en su corta vida. Su familia fue de las primeras dedicadas al carbón. Su abuelo y su padre pasaron por las minas, y él mismo tuvo esta profesión desde bien joven.
En un momento de sinceridad y orgullo minero, con la voz entrecortada, nos cuenta alguna de sus ingratas experiencias. Uno de sus buenos amigos era vigilante de una de las minas, con un sueldo más que aceptable, pero con la ilusión puesta en ser minero al cumplir los 18 años de edad. Él lo intentaba convencer para que no cambiara de trabajo, pero sin embargo, al cumplir la edad entró a trabajar en el interior de la mina. Cuando no llevaba ni seis meses luchando con esta profesión, se encontraba desatascando una de las chimeneas bajantes de carbón, su inexperiencia le hizo introducir la cabeza para ver por qué no bajaba el mineral, en ese momento se le vino encima el monte y quedó aplastado. Él, junto con otros mineros entraron a rescatarlo, pero ya sin vida, sacaron el cuerpo de las entrañas de la Tierra.
Payozas cántabras

En otra ocasión uno de sus mejores amigos sufrió un grave accidente en el interior de la mina, cuando llegaron a rescatarlo ya había muerto. Al salir, el capataz le preguntó si era su amigo, él contesto que sí, cometiendo un grave error, ya que dicho capataz lo envió a él y a otro de los mineros a informarle del suceso a su esposa. Él era parte importante en la vida de ese desafortunado trabajador, había asistido a su boda y por supuesto al nacimiento de sus dos hijos. Al llegar a la casa y tocar en la puerta apareció uno de los pequeños, y al verlos llamó a su madre diciéndoles que en la puerta estaban amigos de papá pero vestidos de mineros. Ella nerviosa se apresuró a llegar a la puerta, miró a su querido amigo y le pregunto efusivamente qué pasaba. Él la miró y con un gesto con la cabeza de pena y dolor no abrió la boca, en ese momento la esposa desesperada se abalanzó sobre él y empezó a pegarle echándole la culpa de aquella tragedia. Sólo pudo seguir soportando los golpes y sosteniéndola hasta que se calmó. Él había perdido a n gran amigo y ella a su esposo.
El Rebeco

De esta forma entendimos, nosotros los forasteros, en el lugar en el que nos encontrábamos, gente ruda, hecha a base de sufrimiento, sin miedo a nada, pero con un grado de amabilidad que nos sorprendió durante toda la visita a estas fabulosas tierras.
La expresión de su cara empieza a cambiar cuando le preguntamos por esos bosques que rodean el pueblo. Son el orgullo de la comarca, de una densidad inimaginable se convierten en el ecosistema perfecto para la vida del gran oso pardo. Nos cuenta algunas anécdotas, y entre ellas nos advierte con alegría y satisfacción que el día anterior un imponente oso surcó algunas de las calles de esta población. Esto me llena de gozo y de sorpresa, le pregunto por la zona y el horario en el que podría aparecer. La máxima actividad de estos mamíferos parece ser que es desde el atardecer hasta el amanecer. Esta información me dará pie a planificar una de mis deseadas aventuras hasta ahora inéditas.
El Urogallo

Ese orgullo manifiesto por poseer en las tierras donde le vieron nacer al poderoso rey del bosque, le hacen recapacitar sobre lo que él cree que no se está realizando adecuadamente con respecto a la protección de este fabuloso animal. No hace mucho tiempo, a uno de los nativos del lugar le entró un oso a uno de los cercados en la braña. Este se ensañó con los potros que por allí pastaban y mató a cuatro de ellos, se comió sus entrañas y los enterró. Cuando fue a dar parte a las autoridades para que le pagaran los daños causados por la bestia le comunicaron que sin los cadáveres no podían hacer nada. Al poco tiempo aparecieron dichos cadáveres, comidos no solo por el oso, sino también por lobos, zorros y algunas aves carroñeras. En ese momento volvió a dar parte, pero en esta ocasión argumentaron el no recibir la subvención porque esos potros no sólo habían sido comidos por el gran predador, sino también por aquellos otros animales. Esto hizo que algunos lugareños quisieran tomar represalias contra el oso, ya que las autoridades buscaban cualquier traba para no reponer los daños que este animal estaba haciendo en la comarca.
Colmenas protegidas contra osos

Con esta reflexión aprendimos varias cosas, con estos animales se está teniendo un gran éxito en su protección, que habrá que tener en cuenta el acercamiento de estos a las poblaciones humanas, que habrá que subvencionar a todos aquellos ganaderos o labriegos que sufran daños por parte del oso, que este animal no solamente es omnívoro, sino que tiene preferencia por la carroña, esperando a que se pudran los animales para comérselos, y por último que la interactividad del plantígrado en esta comarca puede y debe llevar al resurgimiento económico de la misma a través del creciente turismo ecológico.
Cercano a Villaseca se encuentra la aldea de Lumajo de Laciana, como casi todas estas poblaciones lo que más nos sorprende es su arquitectura, calles estrechas y empedradas, situadas en la falda de las montañas, empinadas, con las viviendas construidas en piedra, sus tejados de pizarra redondeada, las ventanas pequeñas para evitar la entrada del frío en invierno y el exceso de calor en el estío. Aunque en épocas anteriores los tejados o teitos eran de paja de centeno, teniendo que ser renovados cada tres o cuatro años. Sus iglesias o ermitas con una sobresaliente torre emparedada donde se sitúan las dos laboriosas campanas, la entrada por un lateral precedido de un porche de columnas de madera, y al entrar sobresalen los magníficos retablos de madera que encumbran los altares.
Pueblos oseros

 Dentro de las aldeas siempre encontramos el añejo potro, construcción de madera utilizada para trabajar con las bestias, sobre todo las vacas y bueyes, donde eran sujetados para ataviarlos o reponer algunos de sus complementos sin peligro para el ganadero. Además las fuentes con agua continua y permanente, adosadas a ellas el pilón, dedicado a saciar la sed de los animales. Cerca de ellas aparecen los lavaderos que se mantienen como antaño, con el correr de sus aguas por las pequeñas acequias interiores de  los mismos. En las afueras nos sorprenden algunos pequeños molinos para triturar el cereal, que antes y después era transportado a los hórreos donde era protegido de las artimañas de diferentes mustélidos y roedores. Incluso en algunas poblaciones todavía existen las lecherías antiquísimas, que transformaban la leche en manteca y mantequilla para ser vendidas en otros poblados, llevándolas en carros hasta la misma ciudad de León.
La gran cascada de Lumajo

En el camino hacia Lumajo visitamos uno de los lugares donde apareció no hace mucho una osa con sus dos oseznos. Varios vecinos del pueblo se acercaron a ver ese, cada vez más habitual, espectáculo de la naturaleza, de todas la edades y sin acercarse mucho, respetando cada cual sus espacios. Los plantígrados habían elegido como espacio de alimento y ocio la exuberante cascada de Lumajo, en la parte inferior de la misma salían y entraban los pequeños, mientras la madre, sin fiarse mucho, observaba la expectación en su alrededor. La certidumbre del momento hizo que varios adolescentes se fueran acercando paulatinamente, en ese instante la protectora osa se levantó sobre sus patas traseras con una gran piedra y la lanzó hacia la parte baja del río, volvió a repetirlo, mientras los zagales corrieron despavoridos hacia un lugar más seguro.
Los montes cántabros están repletos de anécdotas, historias y leyendas relacionadas con este noble animal. Sin embargo, sería injusto no hacer referencia a la variedad inmensa de fauna y vegetación que existe en este entorno natural. Uno de los espacios más originales de todos estos valles son las llamadas “brañas”, lugares ganados por el hombre al bosque salvaje para trasladar al ganado vacuno en verano con el fin de conseguir unos adecuados pastos.
La braña que decidimos visitar fue la de la población de Rabanal de Arriba, llamada de Cubajo. La ruta a pie no dura más de dos horas, subiendo desde el pueblecito en forma de ascensión continua por una pista forestal, teniendo siempre a nuestra vista a una de las cimas del Valle, el Cuetonidio, excelente punto de observación de toda la cordillera cantábrica desde Litariegos hasta Peña Ubiña. El paisaje sigue siendo el mismo, pequeñas poblaciones con poca presencia humana rodeadas de un bosque grandioso terminando o empezando en la vaguada del valle por donde discurre, en este caso, el río Cuvachín, afluente del todopoderoso Sil.
Hortelano de Lumajo

Las sombras hacen del recorrido un placer, que aunque con una fuerte inclinación, hacen que nuestra vista no deje de disfrutar de un paisaje espectacular. La arboleda tapiza todo el monte, un monte que parece extraplomado sobre el riachuelo, al acercarnos a la vegetación podemos identificar la extraordinaria diversidad floral, pasando por arbustos como el arándano, el avellano, el rosal silvestre, el majoleto y norteño acebo, hasta grandes árboles como el roble melojo, el serbal, el castaño o el autóctono abedul. Todos ellos conforman un bosque septentrional único, que favorece la manutención del frescor y la humedad en cualquier época del año, siendo en la estival cuando más lo agradece el caminante.
Un formidable mastín asalta el camino proporcionándonos un poco deseable susto. Va ataviado con un collar de pinchos, por lo que nos hace dudar si seguir o no nuestra particular ruta. Esta raza de perro es la más utilizada para la protección del ganado en las zonas campiles, ese collar lo resguarda de la mordedura de uno de los grandes mamíferos de la zona, el lobo. No obstante sabemos que no es la hora de estos “bichos”, son las doce del mediodía, y aunque por la senda hemos identificado varias huellas, entre ellas la del oso, la actividad de la mayoría de ellos se enmarca a partir del atardecer, durante las horas nocturnas y hasta las primeras horas de la mañana. Nos encontramos con una pareja de brañeros que nos confirman nuestros conocimientos, lo que hace que sigamos nuestro camino observando con los prismáticos el bosque cercano, con la esperanza de ver alguno de estos esquivos animales. Además de esta atractiva fauna, podemos advertir otras “bestias” autóctonas del norte peninsular, como son los ágiles rebecos de las zonas escarpadas, las escurridizas y oscuras víboras de seoane o los poderosos urogallos del interior del soto.
Pilón de Villar de Santiago, por donde pasea el oso

Al llegar a la braña percibimos grandes extensiones  ganadas al bosque y dedicadas a la ganadería, delimitadas por parapetos de piedra que terminan en grandes portones, construidos con dos o tres grandes troncos atravesados horizontalmente en el hueco de entrada del ganado. Allí nos encontramos con una veintena de caballistas que realizan la ruta de los valles del alto Sil, Laciana y Babia. Una fuente situada en una de las payozas de la braña nos refresca con sus puras aguas serreñas, dentro de la construcción varios ganaderos organizan sus enseres, por la tarde bajarán al pueblo para al día siguiente seguir con su rutina pecuaria, trasladando de un lugar a otro en busca de pasto fresco a su fiel ganado.
Este viaje a las antípodas ibéricas de nuestra tierra andaluza está llegando a su fin, todavía nos queda una oportunidad de observar en su medio natural al majestuoso plantígrado. Nos han advertido que en otra de las aldeas del Valle estos últimos días están llegando algunos osos al anochecer. 
La Braña de Cubajo

Con esa ilusión nos acercamos a Villar de Santiago, son las once de la noche, un paseo por sus calles en penumbra nos alertan de las grandes posibilidades naturales del entorno. Sentados sobre el borde del pilón, uno de sus pobladores nos cuenta una de esas historias del Valle que mitifica al oso.
Estaban unos pescadores en el embalse de Villaseca disfrutando de una mañana en busca de barbos y lampreas, en la orilla contraria, a gran distancia, otro pescador se encontraba luchando con sus artes, los primeros observaron con desesperación que por encima de este aparecía un gran oso cuyo olfato le había traído hasta el lugar. Ellos le avisaban con voces y silbidos, pero no llegaba a oírlos. De repente miró hacia su dorso, posiblemente por el ruido producido por los pasos del oso, y lo encontró a escasos metros de él.
P
 De forma instintiva dejó la caña y saltó al pantano, nadando sin parar hasta la orilla contraria, donde  fue socorrido por sus compañeros de afición. Paralelamente el oso se había acercado a la cesta del pescado y se había dado un festín. No parece que su intención fuera el pescador sino sus aún frescas viandas.  
Una vez deleitados por esta nueva historia, el vecino de Villar nos acompaña al barrio donde fueron observados el día anterior, dentro del vehículo nos quedamos como si de un hide se tratara. Pasan los minutos, pasan las horas, en un momento dado un fuerte sonido en la espesura del exterior del pueblo nos alerta…

Deberemos volver en otra ocasión.
Tejo

Puente medieval
Minería del carbón leonesa
El río Sil
Víbora de Seoane
Potro de herrar 
Lavadero del Sarcófago
Fuente, pilón y torre de la iglesia
Picos de Europa

"Destilerías de Albuñol"




A finales del s. XVIII las colinas y cerros de la comarca de Albuñol estaban pobladas de monte bajo, y se vivía del pastoreo del ganado en estas yermas tierras.

A principios del s. XIX se tala el monte bajo para realizar nuevas plantaciones de almendros y viñas, que prosperan maravillosamente en estas tierras gracias al clima privilegiado del que goza esta zona. Al cabo de unos años, en la comarca se producía vino y almendras en gran cantidad, que surtía parte del mercado nacional, a prueba de cualquier competencia.

Pero la desgracia vino a cebarse a esta tierra privilegiada: La filoxera, una plaga de insectos que ya había creado grandes problemas en los viñedos de la Provenza francesa, hizo su aparición en Albuñol en el año 1.887. El devastador insecto no sólo destruye la viña, sino que también ataca al arbolado. La crisis económica que se produce obliga a la emigración de alpujarreños, que en su mayor parte se dirigen a Linares (Jaén), Río Tinto (Huelva), Orán (Argelia) y Buenos Aires (Argentina), entre otras ciudades. Se asegura que se desplazó más del 5% de la población existente.

Se hizo una repoblación de vid, en primer lugar con plantas americanas, para lo que los labradores hicieron un cuantioso desembolso. Pero esta operación no tuvo éxito, pues las nuevas plantaciones ni fueron ensayadas previamente ni su implantación fue dirigida por una persona competente.

En la búsqueda de cepas adecuadas y resistentes, dieron con la viña rupestris, o verdadera cepa de montaña, ensayada con éxito, resistente a la cal del suelo y a la filoxera. Gracias a ella pudieron salvar su economía, bastante mala por aquellos tiempos.

Foto: En la actualidad, Albuñol desde el Cerro del Gato. Viñedos en primer término.

El pilar de la economía del municipio de Albuñol fue la agricultura, en mayor parte la de secano, con una gran producción de almendras, higos, pasas y vino. La elaboración y envasado de estos productos proporcionaron al pueblo trabajo en sus instalaciones, y se activó el comercio interior y de exportación, como nos detalla Madoc en su Diccionario:

Las producciones más abundantes de Albuñol son el vino (70.000 arrobas) y la pasa (12.000) consumiéndose el primero en su mayor parte en la fabricación del espíritu, que se exporta a Jerez para beneficio de aquellos vinos.

El espíritu, el vino, los higos, las pasas y almendras se embarcan en el puerto de La Rabita al extranjero y puertos nacionales del Mediterráneo. El embarque de vinos para Gibraltar se calcula en 100.000 arrobas y el de espíritu de 36 a 40; en 700 botas al año para Cádiz, Jerez y Málaga.

Disponía Albuñol 3 fábricas de espíritu de vino con 6 máquinas, una de ellas de fabricación continua.

(Pascual Madoc. Diccionario Geográfico Estadístico Histórico. 1.845 – 1.850)

Foto: Año 1948. Al fondo, una de las Fábricas de Aguardientes de Albuñol, la del Calvario. Don Natalio Rivas y otras autoridades en el día de la colocación de la primera piedra del Grupo Escolar Natalio Rivas. 

¿Y qué es un espíritu o espirituoso?

Cuando el vino supera una graduación de 15º, deja de serlo para convertirse en un espirituoso. Así, los espirituosos son bebidas alcohólicas destinadas al consumo humano con una graduación mínima de 15º, obtenidas por destilación.

Los espirituosos que se obtienen de la uva son: el brandy, que procede de vino destilado envejecido en roble; el aguardiente, obtenido por la destilación del vino; y el orujo, por la de orujos fermentados.

La explicación científica a la fermentación del vino es que la mucosa dulce de la uva se convierte en una sustancia bien definida: el azúcar; el espíritu del vino pasa a llamarse alcohol.

La venta que se realizaba en el comercio local, habitualmente a granel, en recipientes de estaño u hojalata, lo era en función de las siguientes medidas para líquidos:

-      La arroba: 16 a 18 litros

-      La media arroba: 8 a 9 litros

-      El jarro: 1 litro

-      El medio jarro: medio litro

-      El cuartillo: un cuarto de litro

La arroba se empleaba en la venta de vino o aceite de oliva, mientras que las medidas menores se utilizaban en la venta de alcoholes, en especial el aguardiente.

Foto: Año 1877. Tipos populares de la Alpujarra Baja. Cavadores de viñas tomando el desayuno. Composición y dibujo de D. Juan Rivas y Ortiz.

LA FÁBRICA DE ALCOHOL

A principios del s. XX se explotaba una cantera de mármol en la Rambla de Aldahayar, paraje de Las Angosturas, de la que se extraían vetas que se trasladaban a las instalaciones de la empresa explotadora, cerca de Albuñol, en el paraje de la Ermita de San Antonio, para su tratamiento y manipulado.


Foto: En la actualidad, Las Angosturas.

Foto: En la actualidad, Las Angosturas.

Por las dificultades de extracción y transporte, y por la poca calidad y fragilidad del mármol, esta explotación era muy poco rentable, y tenía los días contados.

A mediados del s. XX llegó a Albuñol D. Fernando Zafra, procedente de Sevilla, como director de la Oficina de Correos. Conocedor del sector vinícola, adquirió los terrenos y las instalaciones de la fábrica del mármol, para reformarla y convertirla en la Fábrica de Alcohol de Albuñol, conocida popularmente como la fábrica de Don Fernando.

Foto: Fábrica de Alcohol de Don Fernando. Albuñol.

Foto: Vista parcial de Albuñol desde la Fábrica de Alcohol de Don Fernando.

La materia prima para la fábrica era la uva, que cargada a granel llegaba en camiones procedente principalmente de la comarca de Berja y Dalías (grandes productoras de uva). Generalmente era uva de baja calidad, que no era muy buena para la obtención de vino.

Se descargaba directamente en el lagar de la fábrica, y por medio de un mecanismo “sinfín” se picaba y prensaba. El mosto iba a parar a unos pozos, donde fermentaba hasta convertirse en vino.

Según nos cuenta “Bartolo”, antiguo trabajador, había más de 20 pozos, y este mosto podía volver a “hervir”. Para comprobar que la fermentación había concluido, bajaban a dichos pozos con un papel encendido, y si el papel se apagaba volvían a salir corriendo si no querían perder el conocimiento y caer al pozo, “se los chupaba”.

Este vino se reconducía a una caldera, que se calentaba con leña de almendro a “fuego directo”. El orujo o restos de la vendimia (palillos, granillas y pellejos) lo llamaban “caspas”, los secaban en el patio de la fábrica o en la rambla, y los reutilizaban para alimentar el fuego de la caldera.

El proceso de destilación se desarrollaba en 2 fases: La primera era la vaporización de los elementos volátiles del vino mediante calor, y la segunda era la condensación de los vapores producidos. Es decir, al pasar el vapor por los calderines de la destiladora, éste se enfriaba, y por efecto de la condensación caía en estado líquido a un depósito, hecho ya alcohol.

El alcohol vínico es el resultante de la destilación de vino y borras.

Nos cuenta ahora “Juan”, otro antiguo trabajador, que la fábrica funcionaba todo el año, y en los meses fuertes de campaña se trabajaba las 24 h. en 3 turnos de 8 h. Me recuerda el fuerte sonido de la sirena del cambio de turno, pues en el turno de la mañana “despertaba a todo el pueblo”.

Durante los meses de julio y agosto se paralizaba la producción de alcohol, y sólo se trabajaba en jornada de 8h., que se dedicaban a tareas de limpieza y mantenimiento de los pozos e instalaciones.

Albuñol es un pueblo en donde los cortes de luz eran y son frecuentes, por lo que para evitar que la actividad de la fábrica se paralizase durante largo periodo por el corte de suministro eléctrico, disponían de un generador auxiliar, que automáticamente arrancaba al cortarse el suministro de la red y proporcionaba la electricidad que precisaba la fábrica.


Foto: Años 60. Vista panorámica de la Fábrica de Alcohol de Don Fernando y de la Ermita de San Antonio desde el Molino de Agustín Lorente.

Foto: Años 70. Vista parcial de la Fábrica de Alcohol de Don Fernando y de Albuñol, desde la Ermita de San Antonio.

La chimenea central formaba parte del conjunto fabril, y servía para evacuar a la atmósfera los humos y gases generados por los hornos de la fábrica. Cabe mencionar el recuerdo del olorcillo característico que había en el ambiente del pueblo cuando la fábrica estaba en funcionamiento.

Las características del alcohol destilado dependían de muchos factores, como variedad y calidad de la uva, fermentación del mosto, porcentaje de uva de buena/mala calidad, etc.

Concluidos todos los procedimientos de elaboración y tratado del alcohol en la fábrica, salía de la misma cargado en camiones cisterna. Su principal destino eran la Bodega y Compañía del Vino del vecino pueblo de Albondón (Granados y Lardón). Entre otros usos, se utilizaba en aumentar el nivel de la graduación alcohólica de sus vinos o anisados. En menor cantidad, su destino era algunas bodegas de La Mancha.

Foto: Año 1.950.  Anuncio en el diario Patria de la Fábrica de Alcohol de Don Fernando. Albuñol.

Tras las grandes inundaciones de la riada de octubre de 1.973, la fábrica resultó gravemente afectada, y cesó su actividad en la producción de alcohol.

Foto: Días después de la riada de 19/10/1973, vista aérea de la Fábrica de Alcohol de Don Fernando y  Albuñol.

Foto: 20/10/1973. El amanecer tras la riada. Rambla, Cerrillo, Ermita de San Antonio y Fábrica de Alcohol de Don Fernando. Albuñol.

Unos años más tarde se rehabilitaron parte de sus instalaciones, pero esta vez para elaboración y envasado de higos secos en periodos de campaña. Fue una actividad efímera

Foto: Años 70. Trabajadoras de los higos tras la riada de 19/10/1973. Albuñol.

Actualmente no quedan restos de la edificación de la Fábrica de Alcohol. En los terrenos donde se asentaba se construyó el Instituto de Enseñanza Secundaria “La Contraviesa”.

Estas líneas en recuerdo de la Fábrica de Alcohol de Don Fernando nos acercan al conocimiento de esta singular actividad y su arquitectura industrial asociada en Albuñol, y ponen de manifiesto aspectos sociales, económicos y vivenciales de esta actividad, y su razón de ser. Es de resaltar la imagen de la chimenea del conjunto fabril. Fue un edificio emblemático, vecino y contrapeso paisajístico de la Ermita de San Antonio, elemento singular del paisaje de nuestra localidad, que ejercía de vigía, fielato y antesala del pueblo.



Fuentes: Bartolo y Juan, antiguos trabajadores de la fábrica.
Autores: Eduardo Antº y Andrés López Lorente




"Cerro del Gato de Albuñol: La Mejor Floracion del Almendro de España"



Observar los almendros en invierno en cualquier lugar de España es un placer para los sentidos. En las zonas más septentrionales se acerca más su floración a la estación primaveral, sin embargo en zonas sureñas y sobre todo si el clima es tropical, como es el caso del sur de la Sierra de la Contraviesa, a partir de mediados de enero empiezan a surgir sus llamativas flores. Este árbol proviene de China, y se introdujo en nuestro país por las características de sus nutritivos y medicinales frutos, las almendras.

El almendro fue cultivado por primera vez en Persia, Siria y Palestina, de ahí pasó a China y posteriormente se distribuyó por todo el Planeta. En la Biblia, el almendro simboliza la vigilancia y el buen fruto, por eso Aarón lo selecciona para estar presente en el paraíso terrenal, siendo su célebre bastón hecho de una rama de esta especie.

Este árbol es caducifolio de las familias de las rosáceas, pudiendo llegar hasta los diez metros de altura. El tronco es liso y verdoso en su juventud, pasando a grisáceo y agrietado en edad adulta. Desde que florece pasarán nueve meses hasta fructificar en la almendra. Las hojas son alargadas y estrechas con bordes dentados.

El paseo desde la población de Albuñol hacia el sendero del Cerro del Gato, a finales de enero o principios de febrero, nos transporta hasta el mundo de las fragancias silvestres, y aunque en esta época la floración es muy escasa, hay algunas plantas que acompañan con sus olores y colores a la inigualable flor del almendro. La esencia de la miel se incrusta en nuestros sentidos, el color blanco a veces y rosado otras, acompañado del violáceo de las lavandas mezclado con el brillo amarillento de las vinagreras y el verdor de sus tréboles, hacen del sendero un espectáculo para la vista de cualquier ser humano cuyo destino lo haya llevado hasta este impresionante monumento natural. Como decía al inicio de este artículo, la floración del almendro es igual de atractiva en cualquier lugar donde sea observada, pero en esta ruta, posiblemente la más bonita de muestra Península, la diferencia de las demás por su fisonomía paisajística. En poco menos de una hora de camino pasamos de 200m. de altitud a más de 800m. en la cima del Cerro, es decir pasamos de clima tropical a continental por desnivel altitudinal.

La senda está repleta de almendros, acompañada de multitud de plantas silvestres, incluidas algunos acebuches y algunas encinas centenarias aisladas. El colorido es abrumador, y al llegar casi al culmen encontramos la pequeña ermita de la Virgen del Rosario, antigua patrona de Albuñol, sobre una era y un mirador desde donde las vistas de dicha población son admirables. Si seguimos hasta la vertiente de aguas, aparecen las dos grandes imágenes que rompen con cualquier otro lugar jamás visto, al sur el Mare Nostrum, el mar de los corsarios, de los vikingos, de los berberiscos, de los fenicios, romanos, cartagineses… Por otro lado, al norte la gran mole, el nevado Mulhacén, la cima de la Península Ibérica, donde está enterrado el padre del gran Boabdil. Y por último, si el día es muy claro, aparece en la lejanía sureña la cordillera africana del Rif, Marruecos, la continuación de Europa.
¿Y todavía dudáis que es la ruta más atractiva a realizar en busca de la floración del almendro?