Contenidos

"Si la Esencia de la Naturaleza desapareciera para siempre"

 

Pertenecemos a ella, somos parte de ella, estar cerca nos produce sensaciones inigualables, esos sentidos se encienden produciendo un Baño de Bosque… Y si ocurriera que se va, que nos vamos, o nos quedamos solos. Todo esto quedaría en nuestra mente, y más tarde en el olvido:


·         El crujir del fuego bermejo, azulado, sobre la eterna roca cuando el sol se pone por el horizonte marino.

·         Las fragancias de sus diminutas plántulas que embriagan los bosques planetarios: romeros, tomillos, salvias, ajedreas, lavandas, hierbabuenas…

·         El ulular de la abubilla sobre la atalaya silvestre esperando reacción femenina con su tez bailando al son de su melodía.

·         La chepa del buitre leonado sobre el tajo avistando a sus congéneres en la lejanía aérea para saltar en el instante que ellos se lanzan a por la manduca.

·         El inquieto deambular de la garduña en el boscaje nocturno.

·         La matutina costumbre del lagarto ocelado paralizado al sol con su atractiva iridiscencia.

·         El persistente chapoteo del caño de teja en el manantial de la sierra.

·         La primavera noctámbula marcando la competencia entre la bóveda celestial de la constelación de Orión y las luminiscentes luciérnagas.

·         El robusto roble con su marcescente hojarasca luchando por mantener su territorio ancestral con la añosa encina.

·         El ondulado pase estival de los delfines mulares surcando el mar de Alborán.

·         El pulular de las incansables abejas sobre las minúsculas florecillas.


·         El crepuscular canto del mirlo sólo mitigado cuando amanece y rebusca entre las tierras sus preciadas lombrices.

·         El aullido del alfa lobo al anochecer desde su fortaleza pétrea produciendo quebranto.

·         La Persecución consentida del macho montés olisqueando las partes nobles de la hembra.

·         La hechicería del torcecuello convertido de ave a sierpe.

·         El eterno río serpenteando entre sauces, fresnos y chopos.

·         La inquieta ardilla chillando ante un peligro a su vez que brinca de pino en pino para perder a su predador.

·         El abejaruco del paraíso con su melodía metálica en los cielos.

·         La golondrina dáurica dando continuos portes de barro desde las acequias hasta construir el nido con su entrada tubular.

·         El polícromo granado pasando de la calvicie marronácea invernal hasta la metamorfosis sus hojas rojizas al emerger, verdes al crecer y amarillas al perecer.

·         El salto nocturno de los peces voladores a estribor de la navegante piragua.

·         El crepitar de las olas sobre los arrecifes marinos.


·         El sabor de un voluptuoso caqui recién cogido del árbol.

·         La resurrección primaveral de la osa recriminando a los oseznos por sus dispersos paseos.

·         La mirada de la víbora emergiendo su cuerpo ante el peligro siseando para avisar de su poder.

·         El paso mimético y silencioso del búho real por la estrecha angostura.

·         El afilado cuchillo resquebrajando el viejo tronco para alimentar con sus larvas al hambriento superviviente.

·         El lince guiando a sus pequeños entre los lentiscos con el reducido rabo emergido y abanderado.

·         El caminar seguro del mirlo acuático buceando y andando sobre las sumergidas rocallas.

·         El perenne madroño aunando a principios de otoño sus globosas florecillas con sus frutos amarillentos y algunos bermellones.

·         Los  machos de sapillos corredores que al llegar la noche húmeda primaveral atraen a las hembras con su croar constante inflando los sacos bucales trompeteros.

·         La magia de los ciervos machos perdiendo las cuernas en los meses primaverales año tras año, para volver a ramificarlos creciendo aún más al llegar el estío.


·         El trino de las aves cánoras luchando por su territorio y por su hembra: jilgueros, verdecillos, verderones, pinzones, pardillos…

·         La brujería de las mariposas transformándose de huevo a larva, a oruga, a crisálida, para finalizar el ciclo volviendo de nuevo al estado de atractiva mariposa.

·         La majestuosa águila real surcando los cielos provocando entre ratoncillos, conejos y zorros la necesaria espantada terrenal.

·         La inigualable sonrisa del niño cuando juega en las plazas de los pueblos…

 


… Nuestras próximas generaciones no nos lo perdonarían jamás.